La semana pasada se presentaron los resultados del diagnóstico de pertinencia educativa del estado de Chihuahua ante el sector educativo y el empresarial, con la intención fortalecer la formación del talento alineado a las necesidades actuales del mercado. Dicha actividad derivó en un documento denominado “El Talento como Motor de Desarrollo”, que fue posible gracias al apoyo de la Secretaría de Innovación y Desarrollo Económico, el Instituto de Innovación y Competitividad y el Consejo para el Desarrollo Económico del Estado de Chihuahua (CODECH), iniciativa por parte del Tecnológico de Monterrey y a la que se sumó la Secretaría de Educación y Deporte.
Dicho diagnóstico, hace recomendaciones a tomar en cuenta para reconfigurar las dinámicas económicas y sociales en 6 regiones (Ciudad Juárez, Chihuahua Capital, Parral, Camargo-Delicias-Jiménez, Nuevo Casas Grandes y Cuauhtémoc) en las que se dividió a la entidad, con la intención de trazar un futuro sostenible a través del talento humano, más allá de las vocaciones productivas de cada región, pues se trata de señalar de lo que se adolece o lo que hay que atender de manera rápida para garantizar regiones competitivas y estándares de vida adecuados. El punto es que el estado de Chihuahua no carece de talento, si no de las condiciones que permitan que el talento se potencie en la región donde nace.
Si bien es cierto que de forma somera se tenía el dato de que el talento chihuahuense no se encuentra dominado por las áreas STEM, se desconocía a detalle lo que cada región tiene que atender para impulsar una visión a futuro, debido a que sería erróneo dar el mismo tratamiento al estado, ya que se confirma que el talento no es uniforme. Pues mientras en regiones como Juárez, la brecha más crítica radica en lo socioemocional y el inglés técnico; en la Capital también es la carencia en habilidades digitales; en Parral la fuga estructural de talento; en la región centro y sur la falta de habilidades transversales y una considerable dificultad crítica en técnicos e ingenieros; como en Nuevo Casas Grandes con la falta de ética laboral; y en Cuauhtémoc la necesidad de fortalecimiento docente, infraestructura y acompañamiento.
Sin embargo, resulta preocupante que el reto está encima y los que ya están en las instituciones de educación superior van contrarreloj, tanto en la adaptación de programas de estudio como en el viraje radical del barco. De que se puede hacer, no hay duda, de que resulte efectivo a corto plazo, esa es la cuestión. Porque el “chip” ya viene predeterminado y en, por lo menos, 6 años de educación media superior y superior es complejo cambiarlo, por lo que viene cargado de 9 años atrás, desde educación básica y hasta me atrevo a decir que no está para nada ajeno el preescolar, donde la disciplina y el compromiso empiezan a forjarse. Lo cual permitiría una articulación, aunque no pronta, pero sí real y efectiva.