El fin de semana, mi hijo de 9 años, un poco afligido me platica que escuchó que México está propenso a una operación como la de Venezuela a inicios de año y, preocupado, me pregunta si creía que era cierto. Por mi cabeza pasaron varias formas de responderle, pero no quería mentirle o mucho menos alarmarlo. Pero en realidad me dejó pensando.
Curiosamente en México la detención de Nicolás Maduro fue un tema que dio bastante de qué hablar, entre defensores del derecho internacional, analistas políticos con implicaciones del régimen en el presente y en el futuro, hasta los que vislumbraban las mejores alternativas sin vivir en Venezuela o ser nacionales del país sudamericano. Así, es muy fácil formar una opinión e irresponsablemente replicarla. Mucho se platica de las últimas décadas venezolanas, pero contadas personas son quienes se han informado lo que representa esta jugada de los Estados Unidos y cómo sacude el futuro de dicha nación.
Desde el momento en que se da el arresto de Maduro, el presidente Trump advirtió que no dejaría pasar más tiempo para intervenir en lo que se vive en México en todos los rincones y de lo que burlonamente ignora el actual gobierno federal. Son demasiados los señalamientos del vecino del norte respecto al tema, pero también es mucho el descaro de la federación de fingir como si nada pasara en una diversidad de temas en donde es más fácil encontrar un fanatismo que encubre, antes que resolver.
Lamentablemente se ha mediatizado el tema de forma absurda. Se habla de una convocatoria de apoyo a la presidenta de México, como si fuera la única afectada; y en todo caso, sería la única que no se afectaría para nada, como ha pasado con cientos de políticos en el mundo que han salido bien librados cuando se trate de poner en peligro el régimen que encabezan. Tristemente, no se habla de una defensa a la soberanía, ni mucho menos se ve la intención de un diálogo directo para establecer estrategias conjuntas de inmediata implementación, lo cual resulta por demás extraño. Mejor se muestra en redes sociales el músculo militar mexicano, considerado a nivel global más para fines pacifistas y de apoyo en desastres naturales que para la táctica de guerra, lo cual complicó también la operación que menciona la presidenta se desencadenó en el sexenio calderonista.
Es extraño pensar que se pretenda organizar a las fuerzas armadas para una posible entrada de elementos estadounidenses a territorio nacional y nunca pudieron organizarse para hacer un frente real, con inteligencia militar, para combatir la violencia en el país. Y curiosamente que haya gente manifestando su apoyo a la propia presidenta ante una latente invasión que exige detener un visible conflicto que tiene sumido al país en inseguridad de extremo a extremo, lo cual no es un problema de hoy, si no que ha sido heredado de sexenios atrás ante la indecisión de combatirle, trayendo consecuencias como las que hoy se están viviendo.