¡Qué adelantados!
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónEn todo el territorio chihuahuense, la política parece haber entrado adelantadamente en una carrera que nadie pidió, pero en la que todas y todos tienen la mano más que alzada. Relativamente lejos de los calendarios marcados por las instancias oficiales, los tiempos electorales han llegado de forma bastante preocupante, dejando de lado aquello que debería ser la prioridad permanente sin pausa alguna: la atención a las necesidades reales de la ciudadanía.
La anticipación de campañas, posicionamientos y estrategias no solo desgasta el ambiente público, sino que también desvirtúa por mucho la función del ejercicio político. Gobernar deja de ser la columna vertebral y se subordina a la lógica electoral. La administración pública, en lugar de concentrarse en resolver problemas apremiantes para la o el ciudadano, parece operar bajo el cálculo constante del costo-beneficio electoral, lo que se considera rentable o no.
Esto que ocurre no es exclusivo de un partido político en específico o figura pública en particular; es una práctica que ya se ve normalizada en distintos órdenes de gobierno. Sin embargo, es profundamente dañino. Cuando las y los actores políticos priorizan la construcción de candidaturas anticipadas o la simple promoción personal, están mandando un mensaje muy claro: la competencia por el poder es la que pesa más que el compromiso con quienes lo otorgaron.
Así la ciudadanía pasa a un lamentable segundo plano. Se le ve como público, como espectadores de discursos, como uno más que suma en una plaza a llenar, pero no como el verdadero centro de las decisiones públicas. El riesgo es evidente: una desconexión total entre gobierno y sociedad, alimentada por la percepción de que las prioridades están mal entendidas y van turnos detrás de lo que personalmente quiere la o el funcionario que tiene puesta su mira en el siguiente escalón de una administración o un congreso.
Forzar los tiempos electorales también genera un desgaste innecesario y un hartazgo ciudadano. La saturación de mensajes políticos, contribuye al desencanto y a la apatía, a la confusión y a la negación a participar en el momento que corresponde, como el día de la elección. A veces pareciera que las campañas son permanentes y las acciones del ámbito público sin peso, sin impacto y sin seriedad.
La política no debe de ser una carrera adelantada; esta debe de responder a un ejercicio constante de responsabilidad. Recuperar ese equilibrio es indispensable para reconstruir la relación entre quienes gobiernan y quienes aguardan y esperan resultados concretos, visibles y tangibles. De lo contrario, el costo no será para nada electoral, sino profundamente social.