Esos son los términos del término. Mickey no ha dejado de ser prisionero en la jaula de oro. Ya lo dijo Cri Crí (What the hell is this house for a mighty cow boy mouse) aunque la jaula sea de oro, no deja de ser prisión. Hasta el próximo artilugio.
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Mucha alegría veo entre los que festejan que este año, el ratón Miguelito, o Mickey Mouse para caer en las trampas del colonialismo, pasaría a ser de dominio público. ¿Y?, dijera Lucero. ¿Qué ganan los alegres festejantes con saberlo? ¿Ellos van a lanzarse sobre el inveterado ratón como su oponente Pedro el malo para convertirlo en zapatos, bolsas, gorras, patines, historias de otros mundos, pelotas, loncheras? O sea, todo en lo que está ya convertido el susodicho ratón. ¿Cuál es la jocosidad que no hemos percatado? Además, hay un pequeño inconveniente.
No todo el ratoncito será del dominio público, solo el que inició hace años el emporio, el que aparece en el corto animado Steambot Willie. En fin, cuál es la risa. Ah, ya. Puede ser que los risueños creen ganada una batalla contra ese circunspecto creador que se llamó Walt Disney. Pero si ya se murió por Dios. No puede hacérsele daño. Es incólume. Se salió con la suya. creó un inmenso mundo mágico y lo rodeó una enorme cerca, llamémosle Disney World, y metió a todos los personajes, encantadores y no, en él, puso candados enormes y tiró la llave.
De ahí, Disney se dedicó a vivir de todos esos personajes deliciosamente bellos y candorosos cobrando por cada uno muchos miles de dólares. Aunque no tanto. ¿Recuerda el lector a ese personaje maquiavélico y procaz llamado Stromboli, uno de los cinco villanos de Pinocho? Pues es el más parecido a su creador, a Disney me refiero. Stromboli encierra en una jaula al inocente títere y le dice que se hará rico con él y después… lo arrojará a la hoguera, cuando ya no funcione. ¡Suma villanía! Pues Disney no se queda atrás. Fijó su imperio con decidido trance y lo arrojó a los miles de niños que creímos en él. Claro, ahora esos niños creen que le han quitado algo muy valioso al detentador de inocencias. Pues no, al menos en esa parte.
Mickey Mouse fue creado en 1928, después de que Walt Disney tuviera que dejar su primer personaje creado con Ub Iwerks, Oswald el conejo afortunado, a su productor. Los primeros cortos que lo protagonizaron fueron animados principalmente por Ub Iwerks, socio de Walt Disney en Disney Studios (entonces con sede en el estudio Hyperion Avenue). Más tarde también se convierte en un personaje de cómics, largometrajes, series de televisión y una gran variedad de productos.
Mickey Mouse representa un ratón antropomórfico. Fue el primero, antes de la primera transmisión, llamado Mortimer Mouse; fue Lillian Marie Bounds, la esposa de Walt, quien, al encontrar este nombre poco atractivo, sugirió a Mickey. Para Walt Disney Company, la fecha oficial de nacimiento del ratón es el 18 de noviembre de 1928, fecha de la primera presentación pública del dibujo animado Steamboat Willie. La ley implica que, cien años después de la muerte del creador, los derechos pasarán a dominio público.
De ahí en adelante todo fue coser y cantar, como dicen los buenos cuentos de hadas. Pero la figura del ratoncito aun daría para más, para mucho más. Es sorprendente como subió como la espuma colocándose en el gusto internacional. Todos amaban al ratón. Porque representa aun los valores de una época perdida. Candor, inocencia, valor, alegría. Alguna vez que papá nos llevó a Disney World mi hermano y yo lo vimos enloquecer al no encontrar un cigarrillo. Algún turista ya viajado le ofreció uno. ¿Porqué no venden cigarrillos aquí en el parque?, preguntó papá. Y el turista aquel respondió. Porque Mickey Mouse no toma alcohol ni fuma tabaco.
Efectivamente, piense el lector en los personajes de Disney que fuman. Volviendo a Pinocho, el honrado Juan y Gedeón, los villanos cómicos. El capitán Garfio, Pedro el malo, Cruella de Ville. Un personaje que fuma y no es villano es Merlín, de La espada en la piedra. Los hay que toman. El brioso ganso, tío Waldo, de Los aristógatos o Dumbo viendo esos elefantes color rosa provocados por su escape etílico. Pero Mickey y sus amigos, Donald, Tribilín, Minnie o Daysi no. Ellos son una alegre tropa que deshace villanías o se sumerge en frívolas historias. Uno de los villanos más recientes, Hades, fuma claro, no en balde es el rey del averno.
O que toman como los dos reyes bufonescos de La bella durmiente. Clayton y Lord Radcliffe de Tarzán. El malvado Ratigan de Policías y ratones y Anton Egon de Ratatouille. Incluso la misma Bella pues tiene cita con una bestia… y por lo tanto tiene que tomarse dos copas, por lo que pueda pasar. El dios Baco del segmento de Fantasía, esa rara obra maestra que tiene más detractores que admiradores, no sé por qué.
El caso es que los estudios Disney encontraron algunos pecadillos por ahí que incluidos en sus tramas dan el talante heroico al héroe y la desdicha al villano. Ahora bien, ¿qué otros pecadillos disimularon los escritores y dibujantes de Disney? Bueno, si ven con detenimiento esa joya de corto animado, El dragón chiflado que se replica en la historia del toro Ferdinand, encontrarán a estos personajes delineados como la mejor pareja gay del cine de dibujos animados. El primero es un dragón sensible, tierno, amanerado que dice sus poemas mientras toma el té con su oponente, un viejo caballero más parecido a don Quijote de lo que cree. Ferdinand no puede pensar en atacar a los toreros porque… Ay, son tan lindos. A estos se les une Lambert, el león cordero, ese que es dejado por equivocación entre la manada de corderos, siendo criado como tal.
Lambert es delicado hasta la juangabrielez. Salen sus instintos de león cuando ve al malvado lobo que se roba a su mami. Entonces ruge, grita, se descabella la melena y sale en defensa de la madre adoptiva. Y el artilugista que me lee dirá asombrado, ¡Pero eso es el campo de cosecha de Freud! Sí. Claro. El trauma edípico está en cada escena de cualquier inocente película de Disney. ¿Se da cuenta que Garfio, al ser perseguido por el cocodrilo, grita con desfachatada jotería indigna de un pirata, ¡Quiero a mi mami!? No es defecto. El hombre más macho, veamos aquí en México a Pedro Infante, llora por la madre muerta más que por la amada.
Disney supo estos pecadillos de la insania cultural y los agrega en sus películas que devienen en infantiles porque los padres creen que los dibujos animados, todos… son para la niñez. Gastón el villano de La bella y la bestia, se luce con sus hazañas de macho, de hombre hombre. LeFou, que en la cinta animada es un declarado gay, lo acosa ante la ineptitud del cazador. ¿Otra más? Con gusto.
Maléfica quiere venganza porque no la invitaron al bautizo. Úrsula, en otra cinta, quiere venganza por el exilio al que la somete Tritón, que en la cinta animada entendemos que es hermana del rey del mar, tía por consiguiente de Ariel. Estas dos villanas son inexplicables. Como todos los villanos. Los buenos villanos, debería agregar. Una quiere venganza porque la dejaron sin el recuerdito del bautizo. La otra quiere un reino de agua, liquido, que pueda manejar a su antojo. Raras ambas.
Disney las delineó con suma pericia. Son las diosas del rencor y la venganza. Por eso, cuando vi Maléfica con una Angelina Jollie que deja mucho que desear, casi me pongo a llorar. Los villanos modernos de Disney, todos, tienen un punto de redención. Excepto Lotso, ese oso de felpa malvado y sarcástico que abandona a Woody y sus amigos después que ellos lo salvaron. El osito culerito tiene un castigo igual de sarcástico. Va colgado del camión de la basura con una Barbie jipi que lo va maquillando como la niña que es.
De ahí, los villanos de la serie Toy Story son castigados, como en los buenos tiempos. El niño terrible de la primera parte, el Hombre Pollo de la segunda y el oso tienen su castigo en la misma cinta. No hay que esperar al castigo en subsecuentes segmentos. Qué curioso. Quizá esta vuelta a los orígenes es lo que detona el éxito de esta cinta de juguetes, más inocente, más sentida, más entrañable que otras más modernas, más cercanas a la realidad de estos tiempos. Qué curioso.