Análisisviernes, 13 de febrero de 2026
Cuidar lo público
Juan José Ramos
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Juan José Ramos

Un gobierno tiene múltiples responsabilidades, pero uno de los termómetros más claros de su compromiso con la ciudadanía son los actos de autoridad. Gobernar también es tomar decisiones para cuidar el espacio público, ese territorio que no le pertenece a nadie en lo individual y, al mismo tiempo, nos pertenece a todos. Hace unos días, en Guadalajara fuimos testigos de un episodio tan irresponsable como llamativo: un joven se arrojó en paracaídas desde el piso 41 de un hotel para aterrizar en la conocida Glorieta de los Caballos. La escena, registrada en video, se viralizó de inmediato.
Adrenalina, “likes” y aplausos digitales acompañaron la hazaña. Y aunque el protagonista resultó ileso, el desenlace favorable no convierte el acto en responsable. La ausencia de consecuencias no equivale a la ausencia de riesgo. Conviene mirar más allá del espectáculo. No hablamos de una práctica deportiva regulada, con permisos, protocolos y supervisión. Hablamos de una decisión individual ejecutada en una zona urbana activa, con tráfico constante, peatones y una dinámica cotidiana que no se detiene.
Es ahí donde cambia la conversación: donde entra la ponderación de riesgos y la reacción institucional. El gobierno de Guadalajara clausuró la terraza desde donde se realizó el salto e inició acciones legales. No se actuó contra el deporte en sí, sino frente al riesgo generado tanto para el protagonista como para quienes transitaban por la zona. La autoridad no puede permanecer pasiva cuando lo que está en juego es la seguridad colectiva. Basta imaginar un escenario distinto: una ráfaga de viento imprevista, un cable atravesado en la trayectoria, la rama de un árbol, un error de cálculo; aterrizar sobre un vehículo en movimiento, sobre un peatón o en plena Avenida López Mateos con el paracaídas abierto.
La línea entre la anécdota viral y la tragedia era muy delgada. No se trata de exagerar ni de inhibir libertades, sino de enviar un mensaje claro: el espacio público no es un escenario personal. Es un espacio compartido donde la corresponsabilidad es la base de la convivencia. Más allá de las opiniones encontradas que he leído en redes en redes, me quedo con la actuación de la autoridad.
En materia de seguridad no se improvisa, ni se gobierna a partir de tendencias digitales. Y me quedo también con la oportunidad de reflexionar: vivir la ciudad implica entender que nuestras decisiones individuales pueden impactar la vida de otros. Cada acción en el espacio público tiene eco. Compartimos calles y banquetas; por ello, el llamado a la corresponsabilidad y a asumir como propias las políticas de cuidado no es retórico ni decorativo. Implica un compromiso compartido y una colaboración activa entre gobierno y ciudadanía para proteger, conservar y mejorar el entorno urbano y el patrimonio común.
Supone, además, preservar el orden, fortalecer el respeto mutuo y fomentar una convivencia pacífica. En suma, se trata de impulsar una nueva manera de entender y habitar la dinámica de esta gran ciudad. Tras esta reflexión les preguntó: ¿Qué valor tiene un like?Nos leemos la próxima semana.