En 1990 el escritor peruano Vargas Llosa consideró a México como una dictadura perfecta, lo que generó una fuerte reacción por parte de la clase política del momento. “La dictadura perfecta no es el comunismo, no es la URSS, no es Fidel Castro. Es México, porque es la dictadura camuflada de tal modo que puede parecer que no es una dictadura, pero tiene, de hecho, si uno escarba, todas las características de la dictadura: la permanencia, no de un hombre, pero sí de un partido, un partido que es inamovible”.
Decir que México era una dictadura perfecta tuvo un fuerte impactó en
México, con consecuencias inesperadas. Los defensores del régimen se rehusaban a considerar a México como una dictadura, porque, afirmaban, el sistema político mexicano no reunía las características de las dictaduras militares de otros países, como la de Franco en España, Stalin en la antigua URSS, Pinochet en Chile o Vitela en Argentina.
La frase de Llosa abrió el debate sobre el sistema político mexicano. Si bien no era una dictadura en el sentido académico, tampoco era una democracia. No era un régimen de partido único, pero sí de un partido hegemónico que había ganado las elecciones desde su fundación en 1933, por medio de la manipulación del voto y fraudes electorales. No se le podría catalogar tampoco como autoritario, pero sí como un régimen con prácticas autoritarias, más o menos según el presidente en turno. La doctrina crítica no encontraba la forma de calificar al régimen del Partido Revolucionario Institucional (PRI), por lo que la frase despertó un gran interés en los círculos políticos y académicos, a fin de confirmar o desmentir lo dicho por Vargas Llosa.
El presidencialismo mexicano identificado no como dictadura de una sola persona o de partido único, pero sí como un sistema de partido hegemónico con prácticas antidemocráticas, fue objeto de estudio a nivel nacional e internacional. Se evidenció la forma en que el partido oficial operaba con todo el aparato del Estado para alterar las elecciones. Se criticaba la preponderancia del presidente de la República sobre los otros dos poderes del Estado y la falta de mecanismos de control eficaces.
La presión internacional y, sobre todo, de la sociedad mexicana, obligaron al gobierno del PRI a ceder el poder y entrar a un proceso de transición a la democracia. Fueron muchos años para que México saliera de esa dictadura perfecta y transitara de forma pacífica a la democracia. La frase de Vargas Llosa cobra relevancia en la actualidad el regreso de un partido hegemónico en México, el cual, está reproduciendo muchas de las viejas prácticas del viejo sistema de partido hegemónico. El pasado reciente nos debe enseñar una lección, no esperemos otros setenta años.