La delgada línea entre la disrupción, el oportunismo y el ridículo en la comunicación digital de algunos políticos es realmente muy delgada. Y es que en el afán de conseguir más seguidores y más interacciones, muchos políticos (especialmente candidatos), están dispuestos a todo con tal de viralizar su contenido y crecer su popularidad.
Lo vimos en el proceso electoral del 2021, candidatos bailando, haciendo streap tease, mentando “madres” o disfrazándose con tal de acaparar el reflector y hacerse tendencia en las redes sociales. Pero la pregunta es ¿les sirvió de algo? En el caso de casi todos estos candidatos, sus partidos terminaron incluso perdiendo el registro por la falta de apoyo en las urnas, que fue el caso de Redes Sociales Progresistas, Fuerza por México y Encuentro Solidario.
Entonces, esto nos deja clara una cosa, en política no sólo se trata de viralidad y de aumentar seguidores, se trata de posicionarse y generar confianza. Los nuevos liderazgos políticos deben ofrecer a la ciudadanía razones de valor suficientes para salir a votar. En medio de un contexto de crisis económica, sanitaria y de inseguridad como el de México, las personas buscan liderazgos realmente competentes y legítimos para hacer frente a los retos complejos que enfrenta el país, y eso no se debe perder de vista en ningún momento.
Este año tendremos elecciones para gubernaturas en 6 estados de la República y ya comenzamos a ver los dimes y diretes del preámbulo electoral. Por lo que es muy importante señalar a las candidatas y candidatos la importancia de hacer un buen uso de sus redes sociales y canales digitales, ya que son canales que, utilizándose de manera correcta, si pueden ser herramientas muy poderosas para generar conversación y un acercamiento genuino con la ciudadanía.
La delgada línea entre la disrupción y el ridículo se cruza cuando de manera burda, lanzamos contenidos solo en busca de “likes” y conversación sin un objetivo de valor de por medio. En política se trata de proyectar capacidad para gobernar, no capacidad para hacer reír. Y si bien se puede ser fresco en el lenguaje y en los formatos para llegar a más personas (especialmente a las y los jóvenes), no debemos olvidar que el fin último en la política es estar a la altura del cargo al que se aspira.
No olvidemos que, la ciudadanía tiene altas expectativas de sus gobiernos, más aún tras personajes que de manera reiterada han fallado en su desempeño. La política no es un concurso de viralidad, es más una carrera de resistencia, donde caen más rápido los personajes que carecen de propuestas y habilidades reales para liderar.
* Politóloga.
Twitter: @glapem_