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Análisislunes, 16 de febrero de 2026

Respeto divino al libre albedrío

Desde la existencia del primer hombre sobre la faz de la tierra, Dios ha respetado siempre el libre albedrío humano. Aunque posee el poder para obligar e imponer su voluntad, no lo ha hecho nunca. Desde el principio quiso que el ser humano eligiera libremente.

El relato bíblico presenta a Adán como un ser dotado de voluntad, inteligencia y conciencia. No era solo materia; poseía una dimensión racional que lo distinguía del resto de la creación. La libertad no fue un accidente, sino un don constitutivo de su naturaleza.

Este principio, que podemos llamar el respeto divino por la libertad humana, recorre toda la Escritura. Dios llama, exhorta y advierte, pero no fuerza la voluntad. Invita al corazón; no lo somete.

La fe que verdaderamente honra a Dios no se impone por la fuerza; nace cuando la Palabra habla a la conciencia y esta responde libremente. Respetar la libertad humana no es debilidad divina, sino coherencia con el carácter del Creador.

Porque la fe impuesta puede producir temor; solo la fe libre produce convicción.

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