eloccidental
Análisisjueves, 27 de noviembre de 2025

Violencia escolar: la cifra baja, la realidad no

El bullying no es un número: es una atmósfera.

Ahí está, por ejemplo, la voz del propio subsecretario de Educación, Pedro Díaz Arias, reconociendo que solo 2 de cada 10 escuelas públicas de educación básica cuentan con servicio psicológico. Dos mil escuelas atendidas; ocho mil a la deriva.

Si el bullying “va a la baja”, ¿en qué país viven las otras ocho mil escuelas?

Porque aquí, en el Jalisco real, lo que se escucha de docentes, madres y padres es otra cosa:

—Niños que cargan violencias domésticas.

—Adolescentes que viven ansiedad, depresión o ideas suicidas.

—Directivos desbordados atendiendo emergencias para las que no fueron formados.

—Docentes agotados que deben enseñar, cuidar, mediar, contener… y llenar reportes.

No es falta de voluntad: es falta de estructura.

El psicólogo escolar: ese eslabón que Jalisco no se puede seguir saltando

La Nueva Escuela Mexicana enfatiza lo socioemocional, pero sin psicólogos en los planteles la política se queda en el PowerPoint.

Es una omisión estructural.

Un psicólogo escolar no es un lujo, ni un adorno, ni un ponente para las efemérides del 10 de octubre.

Es un profesional que evalúa, interviene, previene, orienta, analiza el entorno y vincula a la escuela con salud, justicia y seguridad cuando la vida de un menor entra en riesgo.

Es, en pocas palabras, una pieza indispensable del sistema educativo moderno.

Por eso, ante la imposibilidad de tener un psicólogo de tiempo completo en cada plantel, se ha hablado de crear un programa de atención psicológica en línea. Una alternativa útil, sí, pero jamás un sustituto.

Entre una videollamada y un abrazo terapéutico hay un abismo que ningún algoritmo cruza.

Las escuelas ya no pueden con todo. Hoy, la responsabilidad de manejar crisis emocionales, violencia, acoso, intentos de suicidio y conflictos comunitarios recae sobre directivos y maestros.

No porque quieran, sino porque no hay nadie más.

Y no, no se trata de incompetencia. Se trata de humanidad:

nadie puede cargar con la salud mental de centenas de menores mientras cumple programas, cubre horas, atiende padres, supervisa tareas administrativas y evita que el sistema colapse.

La educación ya no puede entenderse sin equipos integrales:

—psicología,

—pedagogía,

—trabajo social.

Es el mínimo básico para un estado que pretende decir que “los casos van a la baja”.

El dato que falta: lo que no se reporta

Hablar de 72 casos es quedarse con la punta del iceberg.

Las escuelas no reportan todo. Muchas veces por temor, por saturación o porque la línea entre conflicto y violencia se vuelve borrosa.

Lo que sí reportan —con voz entrecortada— son las ausencias: los alumnos que dejan de ir, los que cambian de escuela, los que guardan silencio.

Para esos no hay estadística oficial.

Para esos solo hay la urgencia de un sistema que deje de administrar crisis y empiece a prevenirlas.

El secretario tiene razón en algo: el bullying es complejo.

Pero la complejidad no se combate con discursos, sino con infraestructura humana.

Mientras Jalisco siga teniendo 8 mil escuelas sin psicólogo, cualquier afirmación de “descenso” será más un buen deseo que un buen diagnóstico.

La violencia escolar no bajará en serio hasta que el Estado mire a las aulas no como un número en una tabla, sino como lo que son:

la primera línea donde se defiende —o se pierde— el futuro de la niñez. Donde podemos salvar a un niño de ser presa fácil del crimen organizado al normalizar la violencia.

Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión

ÚLTIMAS COLUMNAS

Más Noticias