Los marginados de Cuautla
Emmanuel Ruiz | El Sol de Cuautla
Una herida en la mano
"Ahorita no tengo casa dónde dormir. Me estoy quedando en el hospital general, afuera, mientras me compongo de la mano y tengo estabilidad económica para rentar un cuarto y tener para comer", dice Carlos, antes de marcharse.
Una gran ayuda
No se rechaza a nadie, pero si alguno de los muchachos aparece bajo el efecto de alguna droga, alterado y agresivo, los voluntarios optan por entregarle la comida en la puerta para evitar problemas. No ocurre a menudo, pero a veces es necesario.
Al final, me explica que los 10 pesos son casi un símbolo, porque cuando alguien aparece sin dinero, la comida sigue siendo gratis.
Por eso, al final, pide un último favor: que la gente se acerque a donar, porque siempre hace falta y, entre más manos ayuden, mayor será el bien que se puede alcanzar.
















