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Análisisdomingo, 24 de diciembre de 2023

Una Navidad muy especial

Pero aquello era solo un sueño. Nada podía hacer de la Navidad algo especial o diferente. La Navidad sería igual y a ello debía resignarse: comer, jugar, abrir los regalos y nada más.

Así que se bañó, se peinó, se puso el suéter rojo de Rodolfo que le había puesto su mamá, cuya nariz roja encendía de verdad, y se subió al carro con destino a casa de los abuelos.

¿Listos? – preguntó papá.

¡Listos! – dijo mamá.

Bueno… vámonos. No queremos llegar tarde a casa de los Estrada.

Así era como los apodaban.

¿Los Estrada? – preguntó Carlo – ¿Acaso no vamos a casa de los abuelos?

Sí, pero… iremos primero a casa de unos amigos nuevos en el trabajo que nos han invitado a ir a su casa un rato.

Comeremos unas galletitas y nos iremos con tus primos. No nos tomará mucho.

Carlo asintió con la cabeza: como a quien ni le va ni le viene.

Bienvenidos, nos alegra que hayan podido venir.

Él es nuestro hijo Carlo.

Dijo papá una vez que se hubieron terminado de saludar entre los adultos.

¡Ah, el famoso Carlo, eh! Bienvenido Carlo.

Gracias.

Respondió Carlo, cuyas mejillas, no acostumbradas a la atención y el afecto de extraños, se tornaron rojas.

Y ella es Tania. Mi pequeña.

¡Feliz Navidad, Tania!

¡Feliz Navidad!

Bueno, adelante.

Antes de que se hubieran puesto cómodos, un hombre que estaba sentado en aquella sala, vestido con un suéter de hombre de nieve y un pantalón de vestir negro, cuya nariz también prendía, se presentó.

Buenas noches, ¡Feliz Navidad!

Él es mi papá, Roberto.

Un placer, señor Roberto.

El gusto es todo mío.

Mucho gusto, Señor Roberto. ¡Feliz Navidad!

¡Feliz Navidad!

¡Feliz Navidad, Señor! – dijo entonces Carlo.

¡Feliz Navidad! Tomen asiento.

¿Quién es ese bebé?

Los adultos, que habían estado charlando mientras tanto bastante animados, guardaron silencio, como si hubiera entrado de pronto la policía a la casa para llevarse a uno de ellos por el peor de los crímenes.

Él es un héroe. ¿Te gustan los héroes?

Aquel que había roto primero el silencio era el señor Roberto.

Sí. Me gusta Spider-Man.

Bueno, ese bebé, que nació en Navidad, es el héroe más poderoso, más valiente, quien derrotó al villano más grande de la historia, el más terrible, el más malo, el más sanguinario, el más loco, el más despiadado.

¿Cómo lo venció?

Es una larga historia. Una historia que aún no termina, en la cual continuamos aún todos nosotros. ¿Quieres conocerla?

¡Sí, sí, sí! – dijo Carlo con emoción.

Entonces, traeré tu regalo.

¿Tienes un regalo para mí?

¡Claro que sí!

Aquello no había duda, debía ser lo que Carlo tanto soñaba, tanto imaginaba, lo que tanto ansiaba. ¡Ese superhéroe fuera de serie!

¡Mamá, papá, el señor me va a dar un regalo! ¡El superhéroe!

¡Sí, hijo!

Llegó entonces el señor Roberto con el presente, que venía en una bolsa de regalo, donde estaba estampado aquel superhéroe, en su cama: un humilde pesebre.

¡Mira, es el superhéroe!

¡Así es, campeón!

¿Por qué no lo abres ahora? – propuso mamá.

Sí, yo tengo curiosidad de saber qué es – repuso la señora Estrada, quien para entonces ya cargaba a la pequeña Tania, que comía una galleta en forma de regalo.

Sí, que lo abra – secundó también el señor Estrada.

¡Feliz Navidad!

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