Tras orientar a usuarios sobre sus derechos en el transporte público, el chofer fue cuestionado por su coordinador, quien le preguntó ¿de qué lado está?
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El ambiente de fiesta y camaradería que se vivió el pasado viernes durante el sorteo mundialista y la aparente buena relación entre Claudia Sheinbaum y Donald Trump duró apenas unas horas; la realidad, esa que no perdona festejos prolongados, se impuso rápido y con la rudeza que caracteriza al magnate estadounidense, pues volvió a colocar a México contra las cuerdas al advertir que “se debe agua” a Texas y que, si no se cumple, podría aplicar un arancel del cinco por ciento a las exportaciones mexicanas. La amenaza llegó como un “balde” de agua fría tras la postal amistosa del fin de semana, y aunque muchos quisieron ver complicidad, cercanía o incluso química política entre ambos, lo cierto es que el estadounidense retomó su guion de presión inmediata y marcó, otra vez, la agenda bilateral. El reto para el gobierno mexicano no es menor, o se entrega el agua pendiente del tratado de 1944, acumulada en los últimos cinco años, o se aplican estos impuestos a nuestro país. Es decir, después de la fiesta vino la “resaca”.
Pero todo fue una ilusión efímera, ya que en cuanto Donald Trump regresó al terreno que más le gusta, el político, retomó su postura tradicional, presionar, condicionar y exigir; el asunto es que lo hizo justo en un tema que para Texas es de alta sensibilidad, el agua que México debe entregarle conforme al acuerdo binacional signado hace 81 años. Mientras en México aún se hablaba del evento deportivo, del orgullo nacional y del “buen ambiente” que habrá durante los días de la justa mundialista, el presidente del vecino país decidió recordar que su estilo no cambia por fotos ni abrazos, por lo que se generó una reacción inmediata por parte de las autoridades mexicanas para llegar a un acuerdo, porque el tiempo se agota, dado el plazo que dio el magnate para finales de este mes de diciembre.
A la administración de Sheinbaum le toca ahora construir una estrategia que contenga el problema y reduzca el margen de daño, no es una amenaza menor, un arancel del cinco por ciento golpearía sectores productivos clave, encarecería mercancías, afectaría empleos y metería presión a la economía justo cuando se espera algo de estabilidad al cierre del 2025 y comienzos del 2026. El problema es que el agua no se puede inventar, y los escurrimientos en Chihuahua y Coahuila han sido insuficientes en los últimos años. Me parece que México debe diseñar una salida técnica, política y diplomática que evite que el tema se convierta en una bomba bilateral, porque por otra parte también es una realidad que a nuestro país le ha faltado agua en al menos un lustro de tiempo, pues la sequía ha pegado de manera intensa en el norte del país, a ello habría que agregarle problemas técnicos, pues según dijo ayer Sheinbaum Pardo, el ducto para el envío de agua es insuficiente.
El tratado de 1944 siempre ha estado ahí, pero pocas veces había sido utilizado como instrumento de presión con tal claridad, Texas reclama que México ha quedado a deber durante el último quinquenio, y Trump lo convirtió en una herramienta electoral y comercial. Si México entrega el agua, enfrentará tensiones internas con agricultores del norte; si no lo hace, podría recibir el golpe del arancel, es un dilema clásico, cumplir afuera o pagar adentro; lo cierto es que Trump ya puso el reloj a “correr” y las decisiones tendrán que tomarse de manera muy inteligente.
Aunque el Gobierno Mexicano proyectó optimismo tras el encuentro del viernes, quedó claro que quien sigue marcando la agenda es Donald Trump, ese control político lo ejerce con soltura, porque sabe que cualquier amenaza arancelaria mueve el piso económico de México. Sheinbaum Pardo y su equipo deberán decidir rápido, si entrega el agua pendiente, si negocia una prórroga o si construye un acuerdo alterno que evite daños económicos; la diplomacia tendrá que operar a máxima velocidad, porque, nos guste o no, Trump volvió a imponer su estilo, él pone el tema, él pone el ritmo y México corre para evitar el golpe, así de simple.