Colectivos feministas lanzaron la primera convocatoria este año para el tendedero de denuncias; la actividad se realizará el 8 de marzo en el Centro Histórico
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En política el silencio suele ser también un claro síntoma de que se opera de forma eficaz, es decir, no siempre el “ruido” genera buenos dividendos en esta actividad, máxime cuando la “apuesta” es el diálogo antes que la confrontación; algo similar a lo que está ocurriendo en el Congreso del Estado, con la llegada de Ernesto Alanís a la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso del Estado, porque se ha percibido que hay menos confrontación pública y más trabajo interno; se percibe igual un orden administrativo y, principalmente, ha sido menos áspera la relación entre las fuerzas políticas representadas en el Legislativo. Eso, en un contexto nacional donde la polarización es el “pan nuestro de cada día”, no es menor; sin embargo, la estabilidad no debe confundirse con complacencia, porque el orden y el equilibrio de una institución como la que encabeza, requiere de esa determinación, eso sí, sin revanchismos políticos.
La conducción parlamentaria no se mide por discursos encendidos sino por capacidad de articulación; Alanís Herrera ha optado por una lógica pragmática, mantener la estructura laboral, reorganizar áreas internas y ejercer el presupuesto con disciplina, por ejemplo, la modernización del parque vehicular puede parecer un asunto menor frente a grandes debates ideológicos, pero habla de una administración que privilegia funcionalidad sobre lo que se pudiera generar de “grilla”, porque me parece que hay ajustes administrativos que buscan eficiencia operativa, más allá de colores partidistas. En un Poder Legislativo, donde muchas veces se privilegia el protagonismo, ese enfoque técnico tiene su mérito; porque además no se trata de criticar al partido que está en el poder a nivel federal, se trata de que, a pesar de las ideologías, todos podamos “jalar” para el mismo lado.
La fracción priista que encabeza Ernesto Alanís también ha mostrado cohesión interna y disposición al diálogo con otras fuerzas, eso desde luego reduce tensiones y facilita acuerdos. La pregunta inevitable es si esta armonía resistirá cuando lleguen temas que toquen intereses más sensibles, como el proceso electoral del próximo año, donde precisamente se habrá de renovar el Congreso del Estado; desde luego la respuesta dependerá de los intereses que cada legislador o partido político tengan, pero lo que es una realidad es que el coordinador de la bancada priista seguirá en esa misma línea, vamos, me parece que no será factor que genere debates electoreros en tribuna, claro que éstos son buenos mientras haya respeto porque el Legislativo es la “caja” de resonancia, pero es muy distinto cuando se debate con ideas y no con insultos, que es cuando el debate real desaparece. El equilibrio está en dialogar sin renunciar a la crítica, construir sin cancelar la pluralidad.
El Poder Legislativo no solo debe ser un “ring” político, sino también ser esa parte social que los ciudadanos pedimos, y esto viene a referencia dado que en semanas recientes, el Congreso ha enviado mensajes de responsabilidad pública, como el hecho de haber instalado un centro de acopio para apoyar a mujeres en situación vulnerable y la respuesta coordinada ante el brote de sarampión, ambas reflejan sensibilidad ante coyunturas sociales, porque son acciones concretas que muestran disposición para actuar más allá del discurso, esto refleja un Legislativo atento a su entorno. La responsabilidad social no entiende tampoco de colores políticos, ni de “chairos” y “fifís”, simplemente de atención a las causas que más están afectando a la sociedad, como lo ya mencionados.
El estilo de Ernesto Alanís siempre ha sido así, sobrio, desde que ha sido funcionario municipal, regidor o en otras ocasiones legislador local, nunca se ha caracterizado por buscar la estridencia ni la confrontación permanente, vamos, el “reflector” que, para algunos, parece condición de supervivencia política, el diputado priista opta por la discreción; pero el liderazgo parlamentario no se mide solo por mantener la calma; se mide por la capacidad de traducir esa calma en resultados duraderos.