“ . . . recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.” (Hechos 1.8) Jerusalén es el ámbito de las relaciones primarias. Judea representa el ámbito de las relaciones incipientes. Samaria representa una nueva dimensión de las relaciones. ¿Qué representa entonces “los confines de la tierra”?
Para el apóstol Pablo significaba España, Marco Polo el lejano Oriente, para Cristóbal Colón el Nuevo Mundo, y ¿para nosotros? Vivimos en un mundo “globalizado”. Eso significa que lo que sucede en la parte más remota de mi latitud actual de alguna manera me afecta y viceversa. Somos ciudadanos del mundo. No hay fronteras, no hay límites.
Puede identifiquemos las necesidades de los países subdesarrollados como infraestructura legal, educacional, sanitaria, etc.. Sin embargo, los países “disque desarrollados” tienen otro tipo de necesidades inmediatas que atender, paradójicamente, y como ejemplo, el problema demográfico. Las necesidades sentidas de la gente cambian dependiendo la geografía, cultura, etc.. la necesidad real es la misma: reconciliarse con Dios.
El plan de Dios es alcanzar a todas las naciones y me invita a esa tarea.: “Que el evangelio llegue a todo el mundo es una meta de Dios, es su idea y su misión. Nuestro asunto es si nos unimos a esta gran idea de Dios o la miramos desde afuera. Las ideas de Dios siempre funcionan, siempre tienen éxito. Por eso el éxito del testigo está en sumarse a la misión de Dios y hacerla suya.”
El mundo entero necesita conocer las buenas noticias de salvación. Lo que necesitas saber es que el mundo, como nunca antes, está a nuestro alcance. Si no fuera así, Jesús no os hubiera enviado a predicar el evangelio a todo el mundo, hasta los confines de la tierra. Apasionarse por llegar al mundo tanto como Dios se apasiona por ello debería ser la meta de todo cristiano.
Nuestra identidad como pueblo de Dios es “cruzar ríos”, los límites naturales de nuestros prejuicios familiares, culturales, idiosincrasia, etc.. No hubiera llegado a México y hacer lo que hoy hago si no hubiera estado dispuesto, por la gracia de Dios, a romper el límite de mi “mediocridad”. Romper los límites es más cuestión de actitud que de recursos. Vayamos “hasta los confines de la tierra.”