Intellego ut credam
Iglesia de América unida en Nicaragua
“Pedimos a Dios que nos acompañe. Vamos a salvar a los muchachos”, declaró el nuncio apostólico Stanislaw Waldemar Sommertag, al partir escoltando los autobuses que trasladan desde la iglesia Divina Misericordia a la Catedral de Managua a los jóvenes liberados con la mediación de la Iglesia católica.
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónEn las últimas semanas ha sido noticia internacional lo que acontece en el hermano país de Nicaragua. La realidad de los países que conforman este segmento de nuestro continente americano, todo el cinturón del centro de América, desde hace décadas podemos constatar, es prácticamente un polvorín en el que se esgrime la lucha por la consecución de auténticas democracias.
Cosa que ha dificultado casi de manera permanente en algunos de estos lugares. Y junto a esto, por si fuera poco, las crisis internas que producen tanto dolor solo agudiza los estadios de pobreza extrema, de inseguridad y de abusos de poder por parte de quienes ostentan la autoridad. La Iglesia que peregrina por esos benditos lugares, en su vocación de Madre y Maestra, no ha dejado de ser una Voz Ética y profética en las lacerantes realidades que zarandean algunos de estos países.
Nada menos que se ha hecho ya el regalo de potenciar el testimonio de un grande icono de la pastoral de situación, como lo fue monseñor Óscar Romero, canonizado el mes de mayo pasado. Un icono que representa a la Iglesia que se preocupa y que se ocupa de los más desprotegidos, de los más pobres y empobrecidos. De igual manera se destaca la reacción violenta que hace propicia en la Iglesia Nicaraguense, la puerta a vivir la experiencia del Martirio; esto es, el testimonio convencido, que se avala con la propia vida y con la propia sangre.
Particularmente en estos últimos días, Nicaragua ha dado mucho de qué hablar, respecto a la crisis que está viviendo en su interior. Misma, que ha afectado la labor pastoral de la Iglesia, pues esta se ha erigido como mediadora, y defensora de los derechos más elementales del pueblo. El obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, ha señalado determinante que el gobierno del presidente Daniel Ortega, atravesó “el límite de lo inhumano y de lo inmoral” en la crisis sociopolítica que sufre este país y que ha cobrado al menos ya más de trescientas vidas desde el pasado 18 de abril.
El prelado Báez, quien fue agredido el lunes 9 de julio, en una basílica en la ciudad nicaragüense de Diriamba por un grupo de parapolicías afines al Gobierno, dijo en redes sociales que “lo ocurrido desde anoche con los ataques criminales de la policía y parapoliciales contra estudiantes y Parroquia Divina Misericordia en Managua, provocando heridos y muertos, es inhumano e injustificable”. Decenas de estudiantes lograron salir del templo parroquial de la Divina Misericordia en Managua, donde estaban atrincherados, tras sufrir un fuerte ataque de fuerzas del gobierno del presidente de Nicaragua que dejó dos jóvenes muertos y una veintena de heridos.
“Pedimos a Dios que nos acompañe. Vamos a salvar a los muchachos”, declaró el nuncio apostólico Stanislaw Waldemar Sommertag, al partir escoltando los autobuses que trasladan desde la iglesia Divina Misericordia a la Catedral de Managua a los jóvenes liberados con la mediación de la Iglesia católica. Dos jóvenes murieron de disparos en la cabeza, uno de ellos dentro del templo y el otro desangrado en una barricada. El cuerpo de este último no pudo ser recuperado por sus compañeros durante el ataque, según testigos.
Liberados con la mediación de la Iglesia católica, los jóvenes decían “gracias”, agitaban banderas de Nicaragua y con el puño en alto saludaban a cientos de personas apostadas en la ruta, que los ovacionaban gritando “Vivan los estudiantes”, “Justicia”, “Nicaragua”. Automóviles sonaban sus bocinas. La comitiva eclesiástica llegó para mediar por la liberación de los estudiantes y evacuar a los heridos de la iglesia Divina Misericordia, ubicada en el suroeste de la capital. El cardenal Brenes, quien estaba por entrar al templo, señaló “al gobierno” como “los únicos responsables de estas acciones”.
“¡Que paren las armas!” “Nos quieren matar”, “estamos rodeados”, “ayúdennos”, gritaban jóvenes desesperados, entre el ruido de las balas, en los momentos de mayor tensión hacia la medianoche, según transmisiones en vivo de tres periodistas locales atrapados en la iglesia. Al concluir el rezo del ángelus dominical, el Santo Padre se unió “a los esfuerzos que están realizando los obispos del país y tantas personas de buena voluntad, en su papel de mediación y de testimonio para el proceso de diálogo nacional en curso hacia el camino de la democracia”.
El domingo 1 de julio y luego de haberse reunido recientemente con los obispos nicaragüenses, en el Vaticano, el Papa Francisco elevó sus oraciones por el “amado pueblo de Nicaragua”. La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) se solidarizó y se unió “al llamado a la comunidad internacional para colaborar en la solución de este conflicto, en esta hermana nación, para que se encuentre pronto el camino que lleva a la paz”.
Los obispos argentinos expresaron su “profunda comunión” con los obispos nicaragüenses que “llevaban el consuelo y la fortaleza de la fe a sacerdotes y fieles víctimas de la violencia”, al tiempo que el episcopado de Costa Rica afirmó que “ni el pueblo de Nicaragua ni sus pastores están solos” y oramos “para que cese la represión y la paz reine en todo este hermano país”. Los obispos de Venezuela, México, Argentina, Costa Rica, Panamá, Guatemala, Cuba y Uruguay han expresado su cercanía y preocupación por la crisis nicaragüense.