Los periodistas integran la vanguardia que propaga la verdad; son en el fondo los “pedagogos de multitudes”, porque saben que su misión primordial consiste en propagar la verdad de los hechos y simultáneamente desentrañar y transmitir su significado.
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Es tiempo de valorar, en su exacta dimensión, la labor periodística. Sin el periodismo, el hombre conocería su realidad únicamente a través de versiones orales, resúmenes e interpretaciones históricas y anecdotarios. La información e interpretación del acontecer social aporta elementos para que el hombre sepa, analice, calcule, descarte, suponga, proponga, reclame, planifique, decida. Por su propia dinámica, el periodismo opera como estimulante y no como sedante del cambio social.
De todos los afluentes que constituyen la civilización, el único incompatible con la dictadura es la libertad de la palabra. Todas las demás libertades que son necesarias para el desenvolvimiento de la persona, han tenido en el curso de la vida déspotas y tolerantes. Solo la libertad de la palabra fue y será odiada intensamente por todos los tiranos, porque se opone a su afán demoníaco de rehacer el mundo a su guisa. La enemistad que hay entre la libertad de la palabra y el despotismo es eterna.
El periodismo comenzó en la inmortal Roma, entre aquellos patricios que tenían gran vocación para el derecho, y donde germinaron las grandes tesis de la humanidad, cuando los oradores hacían circular, en tablas de cera, grabadas con el estilo las noticias más sensacionales de la política romana. El elocuente Cicerón y el primer estudioso del Derecho Penal, Séneca, fueron periodistas; y lo fue aquella “floración de verbos” que nos legaron muchas ideas que todavía son determinantes en los adelantos de nuestra agobiada civilización.
El primer periodista del cristianismo fue Saulo de Tarso de Cilicia, cuyas epístolas o como diríamos ahora, editoriales, se leen aún a través de dos mil años. Tras este publicismo vino el periodismo formal cuando la Francia gloriosa aprovechó la gran invención de Gutenberg, hasta llegar a nuestros días, en que muchos sociólogos y políticos lo han denominado el indiscutible “cuarto poder”. Pero desde Cicerón en los comienzos, los periodistas auténticos han estado chocando de continuo con los césares que espantaron al mundo.
En la Constitución de 1917 se encuentran los preceptos que establecen garantías de libertad de expresión, de ideas y de imprenta (escribir y publicar). Sus antecedentes históricos se localizan en las Constituciones de Apatzingán y de Cádiz, pero la implantación definitiva de estas garantías que son innatas al individuo, ha requerido el derramamiento de mucha sangre y el esfuerzo constante de superiores arquetipos humanos, que como el durangueño Francisco Zarco Mateos, llenan de luz la Historia de México. En la época juarista refulgieron en todo su esplendor los hombres más gloriosos del periodismo nacional.
La información periodística responde a las siete preguntas esenciales qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué respecto al acontecer social. El periodismo resuelve de manera periódica oportuna y verosímil la necesidad que tiene el hombre de saber qué pasa en su ciudad, en su país, en el mundo, y que repercute en la vida personal y colectiva. El interés público -y el periodismo en consecuencia- tiene como límite la intimidad de las personas.
Periodicidad, oportunidad, verosimilitud e interés público son características fundamentales del ejercicio periodístico. La transmisión y el enjuiciamiento de los hechos hacen del periodismo una disciplina básicamente intelectual que se expresa con palabras. El periodismo pervierte su función cuando tergiversa, cuando miente, cuando negocia y cuando escamotea información. Por ello se requiere de instituciones y periodistas que hagan prevalecer la solidez de la información y la opinión calificada sobre la manipulación mercantil.
Nuestra obra que titulamos “Durango: Periodismo y Comunicación”, a través de la investigación, compilación, testimonios y entrevistas, abarca el quehacer periodístico de los Siglos XIX y XX y los primeros 12 años del presente siglo XXI. En los XI Capítulos que contienen los IV Tomos, se abarca la evolución de la comunicación, la historia y evolución del periodismo impreso en el mundo y nacional, los géneros periodísticos, el periodismo en medios electrónicos -incluyendo el Internet-, la historia en Durango del periodismo por temas, del periodismo y la comunicación en Durango desde la Independencia hasta la época contemporánea, el periodismo cultural, la mujer en el periodismo, la Radio, Televisión, Cine, Teatro; entrevistas y testimonios con quienes han hecho posible el periodismo actual; la censura y libertad de expresión, la Carta de los Deberes y el Decálogo del Periodista; Opinión Pública y los “Mass Media”, y terminamos con un reconocimiento a los hombres y mujeres de Durango presentes en el heroísmo y la cultura, así como a los primeros forjadores del periodismo durangueño. Históricamente, la labor del periodista, ha sido determinante para llegar a los espacios de libertad y de justicia que hoy disfrutamos.
En “Durango: Periodismo y Comunicación” se proponen definiciones, puntos de referencia y ejemplos, expuestos siempre a mejores opciones, a los cambios que impone el ejercicio periodístico, el desarrollo del pensamiento, la transformación social y la obligada evolución de los medios de comunicación masiva.
“Durango. Periodismo y Comunicación”, está dirigido a los periodistas y a todos quienes se interesen por incursionar en una de las más activas y fascinantes formas de expresión pública y de realización personal, que abre cauces ilimitados al conocimiento y que coloca al hombre de cara a su realidad, motivándolo a transformarla.
El fin de la era de un medio es el comienzo de la era de otro. Es una verdad a medias. Cuando surgió el Cinematógrafo, muchos pronosticaron la muerte del Teatro. La llegada de la televisión era el heraldo que marcaba el paso del cine y la radio al cuarto de los tiliches; con la aparición de la televisión por cable hubo quien dijera que la televisión abierta estaba acabada. Y, sin embargo, seguimos aplaudiendo a Shakespeare en el escenario, vamos al cine aunque compremos el DVD, seguimos escuchando radio también aunque nos comuniquemos por WhatsApp, Twitter o Facebook, y estemos preparándonos para la Inteligencia Artificial (IA) y para lo que vendrá pronto.
La materia no se extingue, simplemente se transforma, eso lo aprendimos desde la secundaria. Lo mismo sucede con los medios de comunicación. Evolucionan hacia nuevas funciones, sin pensar en su extinción. La prensa escrita, desde hace tiempo tuvo que ceder ante la inmediatez de la información radiodifundida, intercambiando la profundidad por la rapidez, privilegiando la exactitud por encima de la oportunidad. En el terreno del entretenimiento, la televisión tuvo que encontrar géneros especiales y bien diferentes de los manejados por el cine, para cubrir otras necesidades lúdicas y de diversión, de la misma manera en que tuvo que inventar un periodismo televisivo diferente al impreso. El sol sale para todos, según se traduce de la obra The Sun Also Rises, de Hemingway: hay necesidades crecientes de comunicación que tienen que ser satisfechas de modos congruentes con la diferencia de ritmo/tempo a que el progreso tecnológico ha sometido nuestra existencia.
El 7 de junio de 2011 en el tradicional convivio por el Día de la Libertad de Prensa, algunos directores de medios de comunicación le solicitaron al entonces gobernador Jorge Herrera Caldera, que se plasmara en un libro la historia del Periodismo y la Comunicación en Durango, sus hechos, evolución, personajes. El gobernador aprobó la petición, y surgió la pregunta: ¿quién lo hace?, se sugirió que realizara esa obra el que esto escribe y se autorizó, posiblemente porque ya había incursionado con algunos textos en este apasionante rubro, como el de Apuntes de Periodismo y Comunicación publicado en agosto de 1992 -y que se insertó como libro de texto en la licenciatura de Comunicación-, cuando fungimos como titular de la Dirección de Comunicación Social de la Universidad Juárez que tuvimos a bien fundar en el rectorado del Dr. Jorge Ramírez Díaz de feliz memoria. Así como también editamos un texto sobre los periódicos publicados en Durango.
El Prólogo de la obra en comento correspondió al C.P. Jorge Herrera Caldera quien señala: “La comunicación es un rasgo que explica en gran medida el desarrollo integral del hombre. Sin lenguaje no hay pensamiento, y sin ideas no es posible levantar las estructuras fundamentales de una sociedad comprometida con sus más altos valores. ¿Cómo suponer entonces un camino viable sin la palabra, ese puente por el que transcurren todos los tiempos y todas las manifestaciones humanas?
“Durango, nuestro entrañable Durango, también contribuye ahora a revisar las formas en que los ciudadanos se han expresado a través de la cultura impresa y hablada. Durango. Periodismo y Comunicación. Siglos XIX y XX, de la autoría del C.P. Víctor Samuel Palencia Alonso, viene a responder al enorme reto de dar testimonio de las tareas -por lo demás loables-, que favorecieron durante el largo periodo que lo ocupa, el esfuerzo extraordinario por informar debidamente a su comunidad. Para ello, la mayor parte del presente recuento rescata los inicios de los periódicos, las estaciones de radio y televisión, etc., sin que deje de sustentar su propio trabajo en una amplia investigación sobre los inventos decimonónicos que cambiaron el destino del mundo.
“Es importante subrayar que la voluntad de Palencia Alonso por dar seguimiento a una solicitud que me presentaron sus propios colegas -en la importante y reciente ocasión de la ceremonia del Día de la Libertad de Expresión, 7 de Junio- obedece precisamente al hecho de integrar en los textos e imágenes de este volumen las experiencias y los registros históricos. También es notable el aprecio que le merece al autor todo lo concerniente a su patria chica, tal como siempre lo demostró con pasión el inolvidable Lic. Héctor Palencia Alonso, su hermano, difusor inmejorable de nuestras raíces.
“Y es precisamente este punto el que nos pide mayor atención. En un mundo cada vez más globalizado, donde la información no deja de fluir por los modernos canales de comunicación masiva, es imperativo no perder la característica de nuestra condición primera de durangueños. La obra que ahora tenemos en las manos, permite que fortalezcamos nuestra propia identidad.
“Conocer, pues, el pasado y el presente del periodismo en Durango, posibilita el diseño de una mejor política pública de comunicación. Una ciudadanía cada día más informada será la semilla de una entidad más exigente en todos los aspectos y, al mismo tiempo, más responsable de sus particulares decisiones. Seguramente, por la trascendente labor cotidiana de sus periodistas, Durango podrá alcanzar también un mejor mañana”, concluye en el Prólogo Herrera Caldera.