En un hospital era un día como todos, había enfermos esperando la atención de un médico, ambulancias llegando por alguna emergencia, enfermeras realizando sus funciones como demás personal, y, claro, médicos trabajando.
En ese lugar estaban también estudiantes o residentes que algún día llegarán a ser médicos en la totalidad de su palabra; pues bien, dos de esos estudiantes se encontraban adormilados por la carga de trabajo que había existido días anteriores y hoy se encontraban con cansancio.
Uno de ellos le dijo al otro: «Me siento con mucho sueño y me da mucha flojera tener que ir a pasar visita con el doctor. Pero ni hablar, tengo que ir porque me toca dar clase». El otro le contestó: «Yo también me siento cansado, pero a mí no me toca dar clase; solo que sí quiero ir porque, acuérdate, ese doctor sabe mucho y nosotros no sabemos nada, así que mejor yo sí voy». El otro compañero estudiante escuchó esto, pero le dio igual, así que ambos acudieron con el doctor a la rutina diaria y así fue: uno dio la clase y el otro no; uno hizo lo que tenía que hacer y el otro lo hizo esperando algo más.
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