La motivación es el proceso adaptativo que energiza y dirige nuestro comportamiento hacia un objetivo o meta. Es un estado de disponibilidad para realizar ciertas acciones tendientes a lograr algo que se busca o desea. Es importante entender que la motivación es un proceso dinámico, fluctuante en el tiempo y en distintos contextos o situaciones, y que está influida por muchos factores.
Dos tipos de motivaciones: extrínsecas e intrínsecas. La motivación extrínseca está relacionada con la expectativa de los incentivos y resultados de una acción, es decir, realizar una actividad como medio para conseguir un fin. Un buen ejemplo de la motivación extrínseca son las conductas que se realizan para obtener dinero, que funcionan como un motivador externo. En cambio, la motivación intrínseca se relaciona con el propio valor en sí mismo de la conducta, es decir, cuando nos encontramos motivados realizando una actividad por el mero placer de realizarla, sin que haya una recompensa externa de por medio. Un ejemplo podría ser aprender a tocar un instrumento musical. La motivación nos permite sostener las conductas que nos acercan a nuestros objetivos, y reducir o cambiar las conductas que nos alejan de ellos. Además, el nivel de motivación que se tiene frente a una conducta va a mediar la dificultad para llevarla a cabo.
Los beneficios de la motivación Es importante usar la competencia para forzarnos a mejorar y llegar a nuestra meta, enfocándonos en los siguientes aspectos:
Físicos: mayor activación y energía, menos dolor muscular, mejora los hábitos de sueño.
Emocionales: ilusión, felicidad, confianza.
Laborales: mejor rendimiento, mejor adaptación al equipo, satisfacción profesional.
Relacionales: aumenta y mejora la comunicación en la relación con familia, amigos, pareja.
Motivación y cerebro
La motivación involucra varias regiones del cerebro, principalmente la amígdala y la corteza prefrontal, que deben colaborar eficazmente para generar una acción adecuada. Es imprescindible mantener nuestro cerebro en foco con nuestras metas, sin distracciones. La amígdala, centro emocional, regula la respuesta al miedo y puede impulsar la acción; sin embargo, un exceso de ansiedad... La corteza prefrontal interviene al planificar, dividir tareas en pasos más pequeños y utilizar funciones ejecutivas superiores para alcanzar los objetivos.
La dopamina también juega un papel fundamental en la motivación. Este neurotransmisor permite aprender de las experiencias y ayuda a decidir acciones que conducen a resultados positivos. La dopamina se libera en oleadas que afectan al núcleo accumbens, una región del cerebro que es clave en la recompensa y el esfuerzo. Está relacionada no solo con el placer, sino con el deseo e impulsa la acción.
¿Cómo se relaciona todo esto con la motivación? Mantenerla implica, en primer lugar, evitar estímulos que impulsan a realizar actividades no deseadas, como las “tentaciones constantes” de las redes sociales, que promueven comportamientos que podrían distraernos de nuestros objetivos reales. La desmotivación puede derivar en emociones negativas y menor productividad. Al mismo tiempo, mantener la motivación también requiere encontrar métodos para desencadenar la liberación de dopamina al realizar tareas que debemos hacer. Esto implica identificar y asociar estas actividades con experiencias gratificantes, reforzando el impulso necesario para llevarlas a cabo. Por lo que, motivémonos para vivir para mejorar, vivir con salud mental.