Identificar cuáles son las metas que nos motivan en la vida. El primer paso es conocer qué objetivos son los que nos impulsan y ver si estos objetivos son realmente importantes para nosotros. “Es importante parar de vez en cuando evaluar los objetivos que nos estamos fijando en la vida. Analizar si estos son alcanzables, valorar la balanza esfuerzo/beneficio y medir si puedo alcanzarlos a corto, medio o largo plazo, etc.”.
Establecer metas realistas. Esto es clave a la hora de sostener la motivación. Cuando se fijan metas poco realistas, se corre el riesgo de no cumplirlas, resultando en la aparición de emociones negativas, cogniciones disfuncionales, y en la disminución de la percepción de autoeficacia.
Planificar los movimientos que se deben hacer: esto permite organizar las tareas del día a día, lo que facilita mayor motivación y mejores resultados.
Anticipar obstáculos: permite estar más preparados frente a la aparición de problemas a la hora de alcanzar un objetivo, reduciendo la presentación de pensamientos y emociones negativos. Esto genera un impacto positivo en el mantenimiento de la motivación. Si se quiere conseguir algo, es esencial comprometerse de verdad.
Identificar causas de desmotivación. Si no me es posible lograr motivación es porque algo me está pasando en la vida que hace que mi motor de energía no encienda. Puede ser cansancio, soledad, pérdidas (trabajo, relaciones, etc.). Es importante darnos cuenta de qué nos pasa para así poder atender nuestras necesidades y recuperar la energía.
Lograr un compromiso real. Si se desea obtener resultados, es fundamental definir una fecha límite. Esta es la clave para convertir el deseo en una acción concreta.
Hacer un balance de los pros y contras: Es muy importante realizarlo porque ayuda a evaluar la conducta cuando el saldo del balance resulta positivo, y cuando se obtiene un resultado negativo nos permite ver la relevancia de discontinuarla; dando como resultado el aumento de la motivación para iniciar el cambio.
Ser positivos. En lugar de quejarnos y ver lo que no nos gusta de una situación, dirigir el foco de nuestra atención hacia la parte positiva y lo que podamos aprender de la experiencia que estamos atravesando para optar por vivir para mejorar, vivir con salud mental.