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Análisisviernes, 30 de julio de 2021

Puro chisme

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Desde que tengo uso de razón, he escuchado la palabra chisme. Que tales o cuales personas andan en el chisme, o que les gusta el chisme.

Cuando se habla incongruentemente de algún acontecimiento, o de algo que se presume fue, pero no ha sido, se dice que es chisme.

Este vocablo se originó del griego “schísma” pasando posteriormente al latín “schisma” y llegó a nuestro idioma “chisme”, que corresponde a una habladuría de un determinado rumor, que suele difundirse de boca a boca, considerando su difusión poner en mal o criticar a una o varias personas.

Por regla general, el chisme es una información que no ha sido comprobada, o en la mayoría de las ocasiones es para exagerar o distorsionar sucesos.

Esta práctica puede ser buena para hacer notar acontecimientos de grupos delincuenciales, y alertar a las personas para tomar las precauciones debidas, pero cuando lo que se divulga no brinda ninguna oportunidad de aprendizaje y sólo es para buscar el desprestigio de alguna persona o corporación, el chisme es sumamente dañino.

Es como si se metieran en mi casa a robar, pero tuviera que pedirles a los vecinos que voten para ver si denuncio el robo o no, y abonarme al criterio de los vecinos.

Tal parece que el propósito del presidente es involucrarnos en sus chismes, siendo el error principal escuchar el chisme y hacerle caso; reproducirlo y, como sucede con el teléfono descompuesto, mientras más bocas traspase, al chisme se le va agregando y se maximiza la información.

Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión

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