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Culturadomingo, 25 de enero de 2026

No me cuidaba un muerto

La supuesta protección espiritual se transformó en una posesión demoníaca que consumía lentamente la salud de la víctima

Alberto Serrato

La tristeza de aquellos días me llevó a un pozo del que creí nunca poder salir. Brujería, rituales, corona de muertos. Gracias a Dios estoy aquí para contarlo y hoy dejo plasmado mi relato para que jamás intenten lo que yo.

Me llamo Isaías y durante mucho tiempo pensé que la depresión era solo estar cansado de vivir. No entendía que también podía ser una puerta sin retorno que, por fortuna, pude cerrar al menos de momento.

El divorcio de mis padres no fue escandaloso, no hubo golpes ni gritos memorables. Fue un silencio que poco a poco destruía el hogar. Mi papá se fue una mañana cualquiera y nunca volvió o dio aviso de su paradero; muchas veces creímos que había muerto.

Mi mamá fingía estar bien, pero yo escuchaba cómo lloraba por las noches en el baño, con la regadera abierta para que el ruido del agua ahogara su vergüenza, pero más allá de las gotas de agua sonaba el sufrimiento en forma de sollozos.

Pasaron los días y regresé con una caja grande y los animales dentro de ella. Los conseguí en una veterinaria cercana a la plazuela de la ciudad.

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