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Análisisviernes, 2 de enero de 2026

Bio- Informando / El momento preciso

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Algo muy parecido sucede con el inicio de un año; no basta con desear, no basta con proponerse, hace falta que las condiciones internas y externas estén alineadas. Un nuevo proyecto, una relación, un cambio personal no se “logran” por decreto el 1 de enero, se gestan cuando el terreno está listo para recibirlos. 

El óvulo, por ejemplo, no es una célula pasiva que espera ser “rescatada”, es una célula que está activa, es selectiva y está preparada y eso lo demuestra liberando señales químicas y modificando su membrana una vez que un espermatozoide logra entrar. 

El inicio de un año también exige esa preparación silenciosa y meticulosa: revisar qué límites tenemos, qué energías estamos dispuestos a invertir y qué ya no estamos abiertos a permitir, con el objetivo de que seamos más conscientes y selectivos de lo que “dejamos entrar”. 

Una vez que sucede la fecundación del óvulo, ocurre algo de suma importancia: se cierra la puerta; el óvulo cambia su estructura para impedir la entrada de otros espermatozoides, garantizando así la estabilidad y la continuidad del proceso. 

Ahora bien, una vez lograda la fecundación y se da paso a la gestación de un nuevo ser, la primera célula resultante del nuevo individuo apenas es una promesa, ya que se necesita tener los cuidados pertinentes, el seguimiento constante y la paciencia suficiente para que llegue a feliz término su desarrollo y se logre un organismo completo. 

Tal vez el verdadero propósito de Año Nuevo no sea cambiarlo todo, sino crear las condiciones para que lo esencial, por fin, pueda empezar a desarrollarse.

Excelente y bendecido inicio de año. Mucho éxito. Por cierto, feliz cumpleaños, amor.

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