El olor a suculentos platillos para la cena familiar, cómo olvidar el delicioso recalentado, además de los deseos navideños que se han quedado en la memoria; la Navidad de mi niñez, en ocasiones con el juguete deseado, otras veces no, pero eso no impedía la felicidad de compartirlo por largas horas con los primos, el abrazo infinito y el mimo de los padres al desearnos felices fiestas; así como el calor familiar me remontan a la entrañable celebración en casa de los abuelos. El canto en colectivo, el baile gracioso con los tíos, se transforma en una catarsis liberadora, en ese mundo de colores, risas y aromas. Un ritual heredado de generación tras generación y junto a esa imagen la fe con la que cada uno lo celebra. En estas fechas decembrinas como la Nochebuena, Navidad y la culminación del año, para iniciar el 2017, es imprescindible que adoptemos una definición para comprender el valor de la fraternidad. Como nos afirman los grandes filósofos, ser fraternos es tratarnos con un vínculo de hermandad, donde la bandera sea el amor y la paz; ésta no debe arraigarse sólo como un rol de las instituciones, sino como una responsabilidad que todos los seres humanos tenemos, de manera individual y colectiva. Nosotros somos realmente responsables de una nueva cultura de paz y la no violencia, donde su funcionalidad sea la prevención de conflictos. Necesitamos una sociedad en la que cada uno de sus miembros viva su vida de acuerdo con una paz aprendida de nuestros mayores y demostrarla con nuestros semejantes en forma de pensamientos amorosos y con gran rectitud. Es nuestra tarea en común desarrollar prácticas que nutran esta cultura e ilustren a cada individuo para que la pueda disfrutar plenamente. Pero como podemos trabajar por el valor de la unidad; es fácil, dediquémonos a la práctica del humanismo y no permitamos que el odio, encuentren lugar alguno en nuestros pensamientos, palabras y acciones, a eso le llamamos humildad. En ocasiones nos comprometemos tanto en lo material que hemos descuidado el desarrollo de la paz y la sana convivencia con los nuestros. Debemos de aprender cómo ser pacíficos, si tratamos de cambiar nosotros primero. La frase “estar con los tuyos”, cobra un sentido muy especial y sentimental; no importa si entre la familia, hubo una diferencia que los llevó al desacuerdo, alguna molestia que generó conflictos, veamos estas tradiciones como un motivante para la unión familiar donde el rencor no tenga cabida y pueda verse la luz del perdón; que te recuerdan que aunque los altibajos pueden ser abrumadores te hace saber que hay un sentido de pertenencia a un grupo que es tu familia, lugar donde el amor perdurará por siempre. Es tiempo de que el orgullo quede de lado y no haya familias desunidas, al contrario, a mí me lleva a pensar querido lector, estará de acuerdo conmigo, que en estas fechas las guerras suelen parar, que las personas por un momento se permiten desear desde lo más profundo, el bienestar de la humanidad para dar paso a la justicia en la vida. Época donde nos llena de nostalgia, los besos y abrazos que nos dieron los que ya no están y creíamos que siempre los tendríamos cerca, un sentimiento de añoranza por los ausentes, que nos hace sentir nos cala en los huesos. Si estas fechas son de reencuentros, podemos encontrarnos nosotros mismos pues en nosotros habita el lenguaje del amor, es por ello, el mes de diciembre será por siempre la fiesta de los sentimientos y celebración de paz. Cada año simboliza una vida nueva, un registro nuevo de nuestras vidas, pese a adversidades vividas, podemos intercambiarlas por el mayor de los aprendizajes: la fortaleza. Les deseo que el año 2017 sea el principio de un ciclo ininterrumpido de ofrecer más que de recibir; que sus sueños y desafíos se cumplan que lleguen al camino de la autorrealización y con ello un crecimiento pleno. “Que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de guerra, aun siendo tan deseada, sea sinónimo de una paz verdadera. No hay verdadera paz sino viene acompañada de equidad, verdad, justicia, y solidaridad.” Juan Pablo II.