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Análisisjueves, 25 de octubre de 2018

Watergate | Hablando de renovarse

Destetarse de la tutela presidencial. Desde su nacimiento como partido político, el partido nació desde el poder y para mantener el poder. Su alma y razón de ser lo fue el Presidente de la República, No es posible entender al partido sin esa conexión.

Sea en la oposición o al frente de las instituciones, el partido siguió navegando en la agenda de su líder supremo. Nada de ciudadanización ni democratización de la militancia, Sin presidente no hay partido pues nunca aprendió a caminar solo.

El arreglo cardenista de encuadrar a las masas por sectores, funcionó por muchas décadas. Hoy no funciona ni representa a nadie ni a nada. Las viejas centrales son fantasmas. Cuestan más que lo que aportan.

Se han convertido en franquicias de soledades. El partido no hizo la sustitución del original armado con que nació a la vida pública, con una gran malla o red de nuevos seccionales o células de gestión con las cuales desplazar al mastodonte corporativo.

El dinero ha sido el cáncer del partido El dinero a raudales pervirtió el alma del militante que ayer promovía por convicción y ahora la simula con fruición.

El dinero pudrió la lealtad basada en principios e identificación con un pasado trascendente en la estabilidad y edificación del país y lo suplanto por lo pasajero, lo electoral, por el chambismo más barato.

Desde el Gobierno, sindicatos, empresas y tertulias se le endosaron sus candidatos al partido. Se abortó la carrera partidista y se premió lo estético sobre lo intelectual. Por eso el partido se pobló de rostros bellos pero se despobló de mentes lúcidas.

Se podría pensar que lo anterior aplica exclusivamente para el PRI.

No hay que confundirse. Aplica para cualquiera que no entienda lo que es la ciudadanización y verdadera democratización de la política, sus partidos y organizaciones satélites.

Aprender de la historia ilumina y ayuda a salir del laberinto del minotauro que es la decrepitud ideológica y moral que envuelve a la mayoría de los partidos políticos y sus críos militantes.

Por cierto, anduvo por estas tierras Ulises Ruiz. De difícil memoria. Aspira a renovar al PRI.

Lo dicho: un partido es del tamaño de sus caciques.

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