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Análisisdomingo, 1 de julio de 2018

Watergate | La elección de 2018

Las elecciones de este domingo, son ya objeto de estudio para politólogos y especialistas en la materia.

Las encuestas con todo y su ralo prestigio, fueron de nueva cuenta amos y señores del proceso. Desde el principio su presencia definió la agenda de campaña de todos y cada uno de los abanderados. Como nunca estuvo ausente la imaginación y el contenido en las propuestas.

133 candidatos asesinados —de todos los partidos y coaliciones—indican la vulnerabilidad en que se encuentran los nominados, sobre todo en regiones donde el crimen organizado campea y en donde la autoridad se vio rebasada y sorprendida.

Destaca el confeti ideológico en que acabaron convirtiéndose las elecciones de este año. Se extravió la fe partidista, el sustrato doctrinario, la congruencia de los principios. Solo prevaleció el deseo de ganar a cualquier precio y a cualquier contradicción.

Los partidos políticos vieron opacados su peso histórico. Fue el candidato y su aparato propagandístico quien se adueñó de la escena e impuso preferencias.

Pobres fueron los contenidos, estridentes las descalificaciones.

El filo crítico de la ciudadanía sigue presente, pero la pasión y una especie de fatalismo parecen haberlo oxidado un poco. Como nunca, lo a priori se impuso a lo posteriori.

Los números dirán muchas cosas después de las elecciones, pero no todo, Quien lea correctamente los resultados regresara en seis años a la senda del triunfo. Quien no, se expone a la extinción de los nuevos tiempos.

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