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Análisisdomingo, 8 de julio de 2018

Watergate | Ganadores y perdedores

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Como decía la película vernácula la de la época dorada del cine mexicano: “Vino el remolino y nos alevantó (1950).

La ola obradorista “alevantó” en todo el país a todos sus candidatos. Unos ganaron y otros estuvieron cerca de hacerlo. Sus efectos borraron para siempre el México dual que en lo electoral se había configurado desde hacía décadas: el país binario del PRI y el PAN.

Sin embargo no se puede asegurar que la izquierda haya ganado ni que la izquierda mexicana tenga el derecho de reclamar este triunfo histórico.

Sin embargo, el pasado proceso electoral arroja ganadores y perdedores sin discusión. A saber:

Ganó Andrés Manuel López Obrador. Perdió la hegemonía del pacto oligárquico que desde 1982 gobierna este país. Se supone.

Perdió José Antonio Meade. Ganó el PRI una oportunidad de desparasitarse de sus caciques que hicieron del nepotismo, la frivolidad ideológica y la corrupción su Tabla de Moisés.

Perdió Ricardo Anaya. Ganó el PAN la oportunidad de reconstruirse como el partido de la derecha moderna que sea el verdadero contrapeso al populismo que se avecina.

Ganó el electorado que sufragó por la coalición Juntos Haremos Historia. Perdió el electorado que votó en línea desde el coraje y la decepción legitima, pero que se extravió en su rabia dejando ir la oportunidad de generar los tan necesarios contrapesos al poder desde el poder.

Ganó el INE que supo conducir el proceso electoral hasta el momento relativamente en calma. Perdió el INE que dejó mucho que desear con el tema de los independientes.

Ganó la cauda de críticos, intelectuales y académicos que por décadas hicieron de la crítica y la descalificación su cartografía personal justificando y omitiéndolo todo. Perdieron los intelectuales, críticos y académicos que prefirieron callarse extraviando su inteligente escepticismo y el valor de sus aprovechables reservas.

Ganó la democracia formal en México, Perdió la democracia cualitativa que cree que en el resultado se encuentra la voz de Dios y que las masas son la vanguardia de la verdad única.

Ganó el voto de castigo, rechazo y hartazgo, acrítico, masificado y volátil. Perdió el voto corporativo, mercadeado y oficialista.

En tres años, a medio sexenio federal, habrá nuevas elecciones. Serán plebiscitarias de lo bien o mal que hayan actuado los hoy ganadores.

Hasta entonces habrá que otorgarle un voto de confianza a los que ahora tiene la responsabilidad en los cuerpos legislativos y de gobierno. La democracia lo requiere. El país y el respeto a los que así sufragaron, lo exige. Esa es la esencia de la correcta institucionalidad que a todos conviene poner en práctica.

Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión

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