Watergate | Manuel Bartlett
Fue una bomba ruidosa que despertó recuerdos y emociones entre quienes han guardado la memoria de aquellos días.
Eran los años del imperio priista que ya empezaba a mostrar signos de agotamiento pero que aún podía controlar al país y poner en práctica fraudes patrióticos para frenar el “avance del panismo y la derecha agringada”.
Eran los días del todopoderoso secretario de Gobernación que desde la Secretaría de Gobernación oía y sabía todo y de todo.
Que hacía de esta amplia cobertura de tan poderosa secretaría, el trampolín natural hacia el futuro. Que era una especie de vicepresidencia bis.
Que hacía de la policía política de la añeja y viciada Dirección Federal de Seguridad, sus tentáculos para espiar y reprimir más que para orquestar la política de seguridad nacional que el país requería.
Martin Luis Guzmán escribió La sombra del Caudillo en 1929.
Nada se le ha demostrado, pero de todo se le ha dicho.
Enemistado a muerte con la tecnocracia priista que lo marginó durante el zedillismo y los años del panismo en la Presidencia de la República.
Acérrimo crítico del panismo doctrinal de siempre al grado de ser ayatola de todo lo que oliera al partido de Gómez Morín. Sarraceno de panistas y tapadera de priistas. El PAN nunca tuvo quien lo odiara tanto, aunque ahora conviva con muchos de ellos.
Pero Manuel Bartlett ahora navega en las aguas de la izquierda de Andrés Manuel López Obrador.
Teniendo como escalón al Partido del Trabajo, su nave surca ahora los mares del lopezobradorismo triunfante y la coalición ganadora de Morena.
Ha recibido como premio o encomienda la titularidad de la Comisión Federal de Electricidad. Su misión no es abatir la reforma energética ni someter al sindicalismo manso del Suterm. Su misión ahí nadie o pocos la saben a ciencia cierta.
Muchas han sido las opiniones que ha despertado su designación. Buenas y no tan buenas. Muy duras las proferidas por los hijos del Maquío Clouthier. Demasiado.
De eso está hecho el desgaste y el aplauso hacia el Presidente electo. De designaciones controversiales, aliados impresentables y buenas intenciones a favor de un mejor país.
El bono democrático es mucho pero muy volátil. Se prometió mucho. Esperemos que los Bartlett no ayuden a depreciar el rédito de la esperanza.
















