En términos económicos se centralizaron las concesiones, sólo aquellos empresarios ligados al “nuevo” proyecto de nación, es decir, que consolidaran un nacionalismo cívico sin obstruir el principio del mundo moderno; el libre mercado y la acumulación de capitales.
La trampa de las encuestas descansa en hacer creer a la gente que es partícipe en la toma de decisiones, en elegir abiertamente a las y los líderes que los conducirán por el sendero de la Transformación, cuando la decisión ha sido tomada en lo privado.
La oferta o esperanza de transformar el proceso democrático por parte de Morena quedó en una caricatura de lo que niega; el pasado de donde salió. La cultura política mexicana tiene su columna vertebral en el autoritarismo, la imposición, la corrupción e impunidad.
Su declaración fue recogida por el semanario Río Doce, edición 1190, quien a su vez entrevista a el Químico Benítez, describiendo al actual Gobernador con las siguientes palabras: “Rocha no pintaba para nada, es un oportunista”.
Durante la mañanera la presidenta de México señala que existen grabaciones donde se observa al presunto responsable entrar al domicilio de Rubí Patricia
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En la segunda mitad del siglo pasado, el reconocido pensador y activista, José Revueltas, escribió un libro titulado “México, una democracia bárbara”, un compendio de ensayos sobre la política mexicana en la que desmenuza históricamente el desenvolvimiento de la incipiente democracia en nuestro país.
El tránsito a la democracia ha costado muchas vidas y esfuerzos; desde el encarcelamiento de Madero a la revolución mexicana; del paso de los autoritarios generales a los no menos autoritarios licenciados; del movimiento de los ferrocarrileros a los campesinos sin tierra; del asalto al Cuartel Madera a las luchas guerrilleras de Lucio Cabañas y Genaro Vázquez; de las luchas magisteriales a las estudiantiles de 1968 y 1971; del levantamiento zapatista en 1994 a la defensa de la educación pública por los estudiantes de la UNAM en 1999.
El camino ha sido largo, por más intentos de una u otras formas la democracia no termina por concretarse; con el predecible triunfo del panista Vicente Fox en el 2000, el pueblo esperaba el tan ansiado cambio, toda vez que en las urnas se había derrotado al partido oficial (PRI) que durante décadas ostentó el poder político.
El gobierno de Fox fue un mal chiste que, en lugar de arrancarnos una risa de tantas insolencias, desató el hartazgo apenas contenido por sus promesas de cambio; se pasó de la ilusión de la alternancia a la decepción. El gatopardismo define la política mexicana: «cambiar todo para que nada cambie».
Aferrado al poder político que tanta había ansiado (y manoseado), el PAN recurrió como buen aprendiz de brujo al fraude electoral utilizando para ello la estructura del Estado para imponerse en las elecciones estatales y federales.
Fraguando el fraude electoral en el 2006, le arrebataron al filo de la madrugada, el triunfo al candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador, quien no consideró la experiencia política de la maestra y líder sindical del Magisterio (SNTE) Elba Esther Gordillo para alterar las cuentas favorables al espurio Felipe Calderón.
El llamado hijo desobediente, no sólo llegó a la presidencia mediante un fraude, también desató los demonios mediante una guerra a la delincuencia organizada, justificando con ello el recorrido del ejército en las calles, padeciendo la sociedad civil los efectos de los daños colaterales, como le llamaron a las víctimas de la guerra por andar en lugares donde se presentaban los enfrentamientos.
Justificando una guerra donde la sociedad aportaba las víctimas, el país aceleró su proceso de descomposición, qué mejor de ofrecerle en estas condiciones un gobierno de farándula (lo que sea de cada quién, ni Trump ni Milei fueron los primeros); ante el caos y el descontento ofrecieron la estampa de telenovela de Enrique Peña Nieto, el después considerado licenciado.
El rápido desgaste social, el hartazgo ante la guerra y un gobierno de pasarela, fue capitalizado por AMLO para ganar las elecciones del 2018. Se equivocan quienes piensan que su triunfo se debió a la capacidad organizativa, su perfil democrático o visión económica alterna al capitalismo (sistema de despojo, explotación y destrucción social y ecológica); no la tenía ni la buscó. De todos los candidatos era el único que le ofreció al gran capital (a los ricos del mundo) estabilidad macroeconómica, es decir, grandes ganancias para los inversionistas.
El doble discurso de López Obrador no fue percibido por las masas necesitadas de esperanza; en sus declaraciones en la prensa nacional sostenía un discurso nacionalista, de defensa de los recursos naturales y la soberanía nacional; en Estados Unidos declaraba respeto a las inversiones privadas, apertura de las fronteras para sus mercancías y concesiones en puntos estratégicos.
El triunfo de AMLO en 2018 fue legitimado por la población en las urnas, su elección fue decidida antes. Ningún otro candidato ofrecía lo que AMLO prometía al gran Capital. No era una broma cuando en campaña política declaró en Culiacán que gobernaría de igual manera para los ricos y para los pobres, ignoro el miedo de Salinas Pliego y sus declaraciones alarmistas desde sus televisoras con eso de “comunistas que quieren convertir México en Venezuela… o Cuba”.
Cada quien mira los fantasmas que desea, en su recorrido por Culiacán lo dejó muy claro; gobernará para ricos y pobres, y así fue, para los ricos grandes ganancias, para los pobres programas sociales. Lo que sea de cada quien, cumplió en darle a cada quien lo que querían; los empresarios multiplicaban sus ganancias, prueba de ello está Carlos Slim; y los pobres idolatraban, no al Estado, sino a quien les daba dinero, López Obrador.
Antes y después de AMLO el ejercicio democrático se resume en la permanencia del partido en el Poder. Sus acólitos pensaban (algunos todavía) que él pudiera reivindicar en los hechos los anhelos de los más necesitados, como mesías redentor de los dolores terrenales.
Morena se convirtió como el arca de Noe, hacia allá fueron todos los… la promesa de democracia se convirtió en el interés superior del partido. Las denominadas alianzas tácticas, en realidad consistía en no tener oposición que hiciera mella al control total del país. Por ahí vociferaban en los comerciales que Morena aplastó a la oposición, lo que no dicen es que la oposición se integró a Morena y desde ella gobierna México.
La incorporación al partido de personajes impresentables, pasaron de la noche a la mañana a ser presentables, y fuertes candidatos a contender (y ganar por supuesto) en las elecciones inmediatas. Se deduce, en la política no hay principios, sólo intereses personales. La apertura de distintos personajes partidistas, el reciclaje, fue base para la consolidación de este proceso denominado de Transformación.
Con el clima de violencia en Sinaloa o Michoacán, y las consecuentes manifestaciones sociales, etiquetas de derecha, o auspiciadas por la derecha (que no se supone que fue aplastada), se proclamaba al unísono la destitución de ambos gobernadores, en el caso de Sinaloa Rocha Moya tiene años acumulando repudio, y ha sido sostenido en el puesto, no por el pueblo que lo eligió y ahora lo detesta, sino por el gobierno federal, tanto por Amlo como por Claudia.
En este contexto, la democracia popular prometida por Morena se ha convertido en una democracia bárbara, una pelea a muerte por el poder.José Revueltas se quedó corto, así como el capitalismo muta y reorganiza para sostenerse, al costo de la vida en el planeta, la democracia mexicana hace lo propio al costo de la confianza entre las personas, el respeto a la palabra, a ser solidarios, ser junto a otras y otros.
Con Morena se hizo práctica común el mecanismo de la encuesta, y de pronto para todo se hacían encuestas; para vender el avión, retirar la pensión a los ex presidentes, encarcelarlos, elegir representantes populares, hasta para la selección del candidato o candidata electoral de 2024.
Hay quienes halagan el mecanismo de la encuesta como un proceso donde la población participa directamente, siendo el más transparente en una república democrática, algo HIS-TO-RI-CO… nunca antes visto en la HISTORIA de la humanidad. Si a lo anterior se agrega el monólogo (no diálogo) de las mañaneras, resulta la combinación perfecta para reafirmar la era de la Transformación en el país.
La caída del PRI en parte fue impulsada por el modelo económico neoliberal, pero también por corrupción en su interior, hubo un despojo público donde la clase política participó activamente en quedarse con parte de la destrucción del Estado del bienestar, fue así como surgieron políticos empresarios y propietarios.
No fueron los únicos que ansiaba e impulsaban esa caída, una diversidad de movimientos sociales abonando en la construcción de un Estado incluyente, respetuoso de las diferencias, democrático y que subsanara las heridas producidas por las desigualdades sociales, sin embargo, en lugar de sumar los esfuerzos de estos sectores, se les ignoró, persiguiéndolos, e incluso atacándolos; el PRI se fue, por decirlo de alguna manera, pero el PAN no modificó gran cosa, salvo que Vicente Fox complacía más los caprichos de su esposa Martita que a su propio partido; el Estado seguía en plan de desnacionalización.
La sombra del partido heredero de la revolución mexicana (de los caciques y burguesía nacionalista) acechaba al panismo carente de estabilidad social y económica, optaron por la guerra, y la guerra continúa hasta nuestros días por quienes niegan el pasado en palabras y la perpetúan en los hechos.
La democracia mexicana pasó del “dedazo” de los licenciados priístas al “cambio” proclamado por Fox como consigna sexenal, de ahí al militarismo de Calderón, luego el espectáculo político y la ruina social con Peña Nieto, hasta llegar a las encuestas como medio de destape y estilo políticos de AMLO.
El fenómeno de López Obrador tiene varias aristas que contribuyen a su explicación, sin desmeritar su tozudez para insistir y leer como ningún otro político las necesidades de la población, y sobre todo ofrecer respuestas, así sea hipotéticamente, a las necesidades más sentidas de la población; les ofreció esperanzas de una vida mejor.
Obrador se montó sobre el descontento social, ofreciendo soluciones a cada uno de los sectores sociales, así sucedió con los campesinos, los maestros, los indígenas (cómo olvidar el patético ritual del bastón de mando, toda una escenografía del espectáculo), los migrantes, las mujeres, los niños…
En términos políticos se anunció una nueva era donde la democracia se llevaría a todos los escenarios de la vida pública. La supuesta ruptura con el pasado resultó una continuidad, del tapado (dedazo) a la maniobra de las encuestas (corcholatas); la forma cambia, no el contenido, sigue vigente la imposición de los representantes populares, así como los líderes sindicales de los trabajadores.
La descripción hecha hasta aquí tiene sustento en cada una de las realidades que se viven en el país, en el caso particular de Sinaloa ya el Gobernador Rubén Rocha Moya dio cuenta en sus declaraciones en el marco de la Ferio del Libro en Culiacán, donde expuso que su candidatura a la gubernatura de Sinaloa fue una decisión de AMLO, y no de las encuestas.
Este exabrupto del Gobernador se suma a una serie de insolencias donde no mide el alcance de sus palabras y las repercusiones afectan la vida interna Morena Sinaloa, quien cada vez pierde más credibilidad entre los electores por sus errores políticos, los procedimientos para ceder candidaturas y las insolencias descabelladas del Gobernador.
La imposición de Rocha en Sinaloa por el Gran Elector (López Obrador) es similar a la imposición de Claudia Sheinbaum a la presidencia de la república, cuestionada en su momento por Gerardo Noroña sobre que no había piso parejo entre las corcholatas, claro, después con un puesto se olvidó todo.
En efecto no hubo ni habrá piso parejo, como no hay democracia en México, persiste la cultura de la imposición, la verticalidad en la toma de decisiones; hay quienes tienen preferencia desde antes del inicio del proceso electoral, y las encuestas sólo legitiman la decisión tomada con anticipación. En los sindicatos es todavía más grotesco, en el caso de la Sección 53 de los trabajadores de la educación en Sinaloa no permiten contiendan interna, sólo una planilla, la que representa la unidad acuerpada en el cacique Daniel Amador.
Los dichos del Gobernador de Sinaloa vienen a confirmar lo que se sospechaba de los gobiernos de Morena, no hay ruptura con los regímenes anteriores, sino la continuidad. ¿Será que la democracia mexicana está condenada a su cultura política, o la opción más sensata es construir otra forma de hacer política fuera de los partidos y órganos oficiales?
La terrible realidad aporta elementos suficientes para comprender que el escenario de la política oficial sólo reproduce las condiciones de desigualdad social y oportunismo de carroñeros con trajes de profetas; la clase política está condicionada por los intereses económicos establecidos. La democracia mexicana languidece entre la decepción y el hartazgo del despojo de lo social, la violencia sistemática de una guerra absurda donde la ciudadanía es la afectada, y las instituciones juegan ya un papel de segundo orden ante las nuevas realidades, el país se desmorona en cada rincón, el tejido social y cultural, último reducto que quedaba para mantener la estabilidad, ha sido roto en sus profundidades; la relaciones sociales, vivimos una guerra total, donde la otra y el otro son los enemigos a vencer.