Miguel Ángel Ramírez Jardines
Me cuestionaba mi abrupto estilo para expresar las ideas, la congestión de conceptos que, lejos de explicar, confundía más a los lectores. Luego de muchas evasivas, el tiempo le dio la razón, ahí seguimos dando algunos pasos todavía queda mucho camino por recorrer.
La imagen forjada de su persona, además de la saludable inclinación por la discusión, venía de la opinión de sus alumnos, algunos de ellos eran amigos o compañeros de departamento.
Le tenía aprecio porque, a diferencia de la mayoría de la planta docente, podías hablar sin tapujos, es decir, cuestionando todo lo existente, en parte de eso se trataba el ser maestro de aula, en dudar de aquello que se te presenta como verdad.
Jardines invitaba a investigar, tener argumentos en el debate o diálogo con los demás; hacerse de un cuerpo de conceptos que explicasen la labor docente en un contexto caótico y violento; sus clases consistían en replantear la educación.
Con el tiempo nuestro diálogo fue indirecto, a través de publicaciones, su incesante labor como impulsor cultural, redactor en el semanario Río Doce y otros vínculos en el terreno de la creación artística.
En su narrativa, ya no describe a las masas hambrientas de pan y libertad, no interpela a “los pobres del mundo”, al decir de José Martí, es simplemente Miguel Ángel Ramírez Jardines, quien desde su «Yo» comunica lo que es y quiere ser.
El tema que atraviesa por sus cuadros de pintura, poemas y cuentos es el erotismo femenino; «los arcos se abren y la luz se escurre entre sus piernas» como el rostro entre las piernas de la amada.
Los poemas son construcciones de imágenes donde la mujer, el mar, los amigos y la vida cotidiana se funden para dar forma a la creatividad artística de Jardines. En ellos habla la experiencia en las anatomías que se sumergen entre la mar.
En Culiacán el ritmo lo determinan las campanas de la Catedral, lo decía el poeta romántico Jesús “Chuy” Andrade, en Mazatlán en cambio de ritmo lo imponen el arrullo de las olas; el viento revoloteando con su frescura el cálido clima del sur de Sinaloa.
Jardines nos muestra esta faceta donde se reinventa así mismo, la desnudes del cuerpo como material poético atraviesa de principio a fin su primer libro, editado en el 2025. Los poemas son enlaces, eslabones de palabras que complementan el juego sensual.
Los vasos comunicantes entre los poemas de Ramírez Jardines y Elías Nandino dependen del hilo del erotismo, un par de libros le bastó al primero para colocarse a la par de los escritores más representativos en poesía y prosa del noroeste del país.
En “Placeres” se perciben las relaciones de palabras evocativas y complementarias, siendo más explícito que Nandino: «labios-vulva que palpita», «senos-miel que bebe», «cintura-caracol abierto»; «Tu sexo-de noche, de sed, de fuego».
Jardines pasa de la clandestinidad por un mejor mundo, a la clandestinidad física, siempre la intimidad que no permite ni acepta testigos. Porque hay palpitaciones que no deben ser delatadas, secretos marcados en la piel y los recuerdos.
Con este libro Jardines se ubica como referente indiscutible de la narrativa sinaloense; su escritura es lúdica, juega con el pasado, las ideologías, las inventivas u ocurrencias de los extranjeros (gringos), las relaciones amorosas, el bello paisaje del mar de Mazatlán.














