La novela total como reconstrucción de la vida
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónHermann Broch escribió una novela monumental en tres partes denominada Los Sonámbulos. De sobra está decir el impacto generado por esta propuesta, dando un giro literario completamente diferente a lo conocido hasta entonces.
Nacido en Viena, Broch revolucionó la novela en muchos aspectos, la trilogía “Los Sonámbulos” no sólo mantienen un vínculo temático entre sí, también poseen una estructuración que va modificándose conforme el momento histórico que vive el autor, mismo momento que se filtra sin aspavientos en cada una de las novelas, y los personajes son sujetos de su tiempo, representan a cabalidad las vicisitudes históricas de Alemania y Europa central.
“Los Sonámbulos” se leen como un todo, pero cada una de las novelas tiene sus particularidades. Conforme se leen aumenta la complejidad y el desafío literario. Su originalidad consiste en la búsqueda de una renovación constante de la estética de la novela, sí las tres partes que conforman “Los Sonámbulos” son distintas, “la muerte de Virgilio” es completamente diferente en todos los sentidos al resto de su obra.
Con “la muerte de Virgilio” Broch evita los estereotipos, logra lo mismo que Kafka, la no clasificación de su obra. Hermann Broch es una multiplicidad estética, con una elasticidad artística que no se pueden encontrar en otros autores.
En las novelas de Broch no hay espacio para el aburrimiento, al pasar, en el caso de “Los Sonámbulos”, del romanticismo a la anarquía, y de ésta al realismo, estamos mirando el tiempo con los ojos del autor, el ambiente militar y el destino de la sociedad europea condenada a la guerra, es decir, la degradación de los valores.
En el caso de “la muerte de Virgilio” es una ruptura completa con los tres libros citados anteriormente; una novela poética, el discurso lírico compone esta magna obra que recrea el peregrinar de los últimos años del poeta romano Publio Virgilio Marón, autor de “La Eneida”.
La recreación de la vida de Virgilio hecha por Broch, y desde luego, de las peripecias alrededor de “La Eneida”, es una variante que nos lleva obligadamente a la recreación que hace Milán Kundera de “Jack el fatalista” de Denis Diderot en una obra de teatro que tituló “Jack y su amo”.
El arte de la novela es la inacabable, las muchas posibilidades de reconstruirse o abrirse caminos en la literatura. La capacidad narrativa de Hermann Broch, lo voluminoso de su trilogía, lo relaciona obligadamente con Robert Musil y su también monumental novela “el hombre sin atributos”.
Los enlaces mencionados entre estas obras no son mera casualidad, parten de un contexto específico; Europa central, y de una manera de concebir la novela compartida, anclada en la tradición creada por Rabelais y Cervantes; se puede decir que Hermann Broch y Robert Musil salieron de la garganta de Rabelais.
Leer a Hermann Broch no significa un retroceso en la concepción de la novela, todo lo contrario, “Los Sonámbulos” implican retomar la riqueza en amplitud, variedad y profundidad, y por qué no, desenfado, que la novela tuvo en sus inicios; representan una expansión en las formas de ver el mundo que sólo este arte puede realizar, desde las entrañas mismas de la vida como un todo, en ese todo que es la novela caben las variedades de expresiones literarias, hasta la risa.