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Esta ha sido una semana demoledora para la justicia electoral de nuestro país. Me atrevo a decir que nunca antes se había visto tal servilismo político por parte de las instituciones y las autoridades encargadas de impartir justicia en materia electoral. Nuestra democracia y las instituciones que deberían velar por ella, se encuentran en terapia intensiva, y hay quienes ya preparan el velorio y su entierro.
Parece ser que, desde el TEPJF y el INE, hay personajes que buscan a toda costa enterrar al sistema electoral mexicano tal y como lo conocemos, están labrando un ataúd hecho a la medida, que permita que las injusticias e ilegalidades en materia electoral pasen desapercibidas. Poco a poco le ponen clavos a ese ataúd, y estoy convencido que no pararán hasta verlo bajo tierra toda vez que la ambición personal les ha arrebatado, a quienes alguna vez la tuvieron, su dignidad y su convicción democrática.
El primer clavo del ataúd fue puesto cuando le otorgaron la sobrerrepresentación a Morena y sus satélites, con ello han permitido que desde el Congreso de la Unión se hagan una serie de atrocidades legislativas como el fraude judicial. Así, el árbitro optó por ponerse la camiseta de un equipo a cambio de prebendas personales y familiares, llegando a una complicidad absoluta con el régimen, culminada con lo ocurrido durante la sesión presencial del TEPJF del pasado miércoles a cambio de no perder su chamba, así de sencillo y perverso a la vez.
A pesar de que el magistrado Reyes Mondragón sustentó de forma clara la injerencia que tuvieron los acordeones del bienestar en el fraude judicial, demostrado con hechos claros y notorios, que más de 70 por ciento de los acordeones contenían los números de las nueve candidaturas que ganaron, lo cual resulta ser totalmente atípico, pues, pese a que existían siete mil 400 millones de combinaciones posibles, 45 por ciento de los votos válidos se centró en una sola combinación, perdió la justicia y ganó la cobardía y la desfachatez y optaron por validar un fraude electoral con una probabilidad matemática de suceder de prácticamente cero, incluso más difícil que sacarse la lotería.
Aún con la contundencia de la evidencia, el bloque juzgador pro-régimen, decidió desestimar los medios probatorios, incluso, insinuando que estaban recién impresos. Todo lo anterior, sacando el cinismo del López Obrador que algunos llevan dentro, optaron por salirse por la tangente e invisibilizar lo evidente con argumentos, por decirlo amigablemente, poco inteligentes, propios de quien ya no dignifica lo que representa.
Pero esto no quedó ahí, pues tan sólo un día después, con nuestro sistema de justicia electoral ya con mascarilla de oxígeno y totalmente agonizante, el Instituto Nacional Electoral decide exonerar a Pío, el hermano del expresidente Andrés Manuel López Obrador de las denuncias que presenté hace cinco años por recibir sobres amarillos repletos de dinero en efectivo, por parte del hampón de David León Romero para, según ellos admitieron públicamente, “apoyar al movimiento”.
El argumento de la autoridad electoral fue que los videos en donde se tiene registrada la conversación, e incluso la entrega de estos sobres, son meros indicios y que con ellos no se puede probar nada, pero fue este mismo tribunal, que en 2022, cuando sí impartía justicia, el que sancionó a Morena por los moches/diezmos que recibía la ahora gobernadora del Estado de México, Delfina Gómez, y en aquella ocasión el argumento fue que en este tipo de procedimientos, en los que se hace uso de un entramado para ocultar la fuente de financiamiento paralela, y con ello no existan pruebas directas que acrediten la infracción, deben tomarse en consideración aquellas de carácter indirecto, y las deducciones que se obtienen a partir de estas, es decir, cuando nuestro sistema de impartición de justicia electoral gozaba de buena salud, los videos y demás pruebas que aporté, hubieran sido suficientes para sancionar a Morena, a Pío López Obrador y a David León.
Nos ha tomado más de 20 años fortalecer nuestro sistema electoral, y parece ser que aquellos encargados de su cuidado, están haciendo todo para así, sin más, dejarlo morir. Poco les importa actuar como sicarios electorales y apoyar la perpetuidad de un régimen cimentado en la narcopolítica y una alianza electoral intolerable con la delincuencia organizada. Para ellos sólo importa que tengan cabida en el nuevo estercolero de Morena. Ya no son nada, ni representan nada, ni siquiera a ellos mismos como ciudadanos, son ahora pajes electorales.