México se caracteriza por tener tradiciones que, a los ojos del mundo, pueden parecer disruptivas. Recuerdo haber escuchado hace algunos años a un francés decir que la primera vez que oyó hablar del Día de Muertos le pareció algo salido de un cuento. Y sí, quizá también lo que estoy a punto de narrar parezca salido de un cuento, de un cómic o de una historieta digna de cualquier serie de Netflix.
Hace un par de semanas, un empresario cansado de la extorsión a su industria fue asesinado. Poco después, en pleno festejo popular, el alcalde de Uruapan fue abatido a sangre fría tras dar un discurso, cargando a su hijo en brazos, lo curioso es que estaba rodeado de 14 elementos de seguridad.
Esta vez está siendo un reto para mí escribir esta columna que gira en todo a temas de paz, tejido social y cohesión. Porque por primera vez como escritora, me quedé sin palabras, sólo con una sensación de estar viendo una realidad que dista de ser verdad.
Decidí no dejar pasar este tema porque, más allá de su cobertura mediática, es fundamental que las historias, las narrativas y las distintas posiciones no se pierdan en el ruido de la agenda pública. Como hemos visto en columnas anteriores, cuando una sola narrativa (una sola forma de entender la realidad) se impone sobre las demás, se genera el caldo de cultivo perfecto para el conflicto. En ese sentido, es importante recordar que, como en toda historieta, existen múltiples versiones, y que ninguna vale más que otra.
En México, sí, nos reímos y bailamos con la muerte, celebramos a quienes ya no están. Pero en las últimas semanas pareciera que esa capacidad de resiliencia se ha reído en nuestra cara. No puedo quitarme de la mente esas historias de injusticia y frustración contadas al micrófono, ni el eco de las palabras de las viudas de Bernardo Bravo y del Presidente Manzo. Tampoco puedo olvidar las declaraciones de las autoridades prometiendo “nuevos planes de seguridad”, cuando la realidad demuestra que la suma, simplemente, no da.
Bien decía alguien que México es el territorio del realismo mágico, donde dos (o más) conceptos pueden convivir aunque sean opuestos. Ojalá pronto dejemos de ver estas escenas surrealistas y podamos abrazar todas las versiones que habitan e interpretan nuestra realidad. Así espero que podamos construir un país con más cohesión y compasión… a la vuelta de la esquina.