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Análisisdomingo, 7 de septiembre de 2025

Arte y Academia / El Mural errante que se ha negado a morir

​El mural, pintado entre 1946 y 1947, fue una comisión para el recién inaugurado Hotel del Prado, un icono de la hotelería de lujo en el centro de la Ciudad de México. Rivera lo pintó directamente en una pared del Salón Versalles.

El mural permanecería en su nuevo hogar por casi dos décadas, atrayendo a miles de visitantes, hasta que el 19 de septiembre de 1985, la ciudad fue sacudida por un devastador terremoto. El Hotel del Prado, al igual que el Hotel Regis, quedó casi en ruinas.

​Para acabarla de amolar, como decía mi madre, el entonces presidente Miguel Alemán Valdés, un católico devoto, exigió que Rivera borrara las palabras. El artista se negó rotundamente. La tensión escaló a tal punto que la obra estuvo cubierta por casi 10 años.

Después de que Rivera, ante la amenaza de que el mural fuera destruido, aceptara agregar una frase para contextualizar la frase, que decía “Las palabras de Ignacio Ramírez”, el mural fue descubierto de nuevo.

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