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Se presentó Claudia Sheinbaum en la 89 Convención Bancaria, celebrada en Cancún, en un momento de incertidumbre no sólo para la economía nacional, sino para todas las economías del mundo, debido a la guerra Estados Unidos - Israel vs. Irán, que ha provocado el incremento exponencial en el precio del gas y la gasolina y que, más pronto que tarde, impactará en las cadenas productivas y, en consecuencia, en el precio de la mayoría de los bienes y servicios en todos los mercados.
Por ello cobraba relevancia conocer el mensaje que habría de compartirles Sheinbaum a quienes toman las decisiones sustantivas para el funcionamiento del sistema financiero nacional. ¿Un mensaje de optimismo o de preocupación? ¿De confianza en el futuro o de cuidado de los riesgos?
Sheinbaum les pidió a los banqueros ser optimistas y aumentar el crédito, no sólo para ayudar al crecimiento del país, sino para estar a la altura de otras economías que brindan mayor financiamiento como proporción del PIB. En México el crédito total del sector privado es del 39 por ciento del PIB, muy por debajo del 90.8 por ciento de Brasil, 134.7 por ciento de Chile, 141 por ciento de Estados Unidos y el 213 por ciento de Canadá.
Les dijo que el gobierno está haciendo su parte para contribuir al aumento de la inversión con nuevas iniciativas de ley, como la Ley para el Formento de la Inversión en Infraestructura Estratégica para el Desarrollo con Bienestar –recibida en la Cámara de Diputados la semana pasada–, en busca de instrumentos financieros más eficientes para combinar la inversión pública con la privada, así como lograr un crecimiento exponencial en la generación eléctrica, incrementando las fuentes renovables de energía, a través de inversiones mixtas. Además, dijo que estos modelos de inversión mixtos también aplicarían para carreteras, puertos, trenes y aguas retomando con ellos las políticas públicas que el PAN introdujo a México con la figura de los PPS.
Pero en realidad no hay muchos motivos para el optimismo de Sheinbaum. La economía nacional está estancada, creciendo menos de uno por ciento desde que gobierna Morena. El riesgo para país de México en marzo de 2026 se mantiene elevado por factores internos como la inseguridad y el déficit público, además de externos como la incertidumbre geopolítica y la ratificación pendiente del T-MEC. La situación financiera de Pemex y los subsidios a combustibles también presionan la percepción de riesgo.
¿La solución está en la nueva iniciativa de ley de Sheinbaum para promover las inversiones mixtas? La participación de la iniciativa privada en obras de infraestructura, conjuntamente con la inversión pública, es necesaria, pero insuficiente para mejorar la maltrecha economía mexicana. Si Sheinbaum en serio pretende generar condiciones para el crecimiento económico, solo tiene que hacer tres cosas:
Primero: dejar de atentar contra el Estado de Derecho y las instituciones democráticas. En el año y medio que lleva la actual legislatura del Congreso de la Unión, el #CártelDeMorena ha reformado la Constitución para acabar con la independencia del Poder Judicial a través de los jueces de los acordeones; para eliminar varios organismos constitucionales autónomos, como el que garantizaba el derecho de acceso a la información y el que evaluaba la política social; para oficializar la militarización de la Guardia Nacional; para debilitar el juicio de amparo; para desaparecer las Empresas Productivas del Estado y hacer de Pemex y CFE, nuevamente, elefantes blancos improductivos con mínima participación privada. Sheinbaum y Morena deben dejar de hacer de la Constitución un panfleto partidista en el que pueden plasmar toda su visión autoritaria, antidemocrática, de concentración del poder y debilitamiento de los contrapesos.
Segundo: dejar de seguir siendo aliados del crimen organizado y enfrentarlos con toda la fuerza del Estado. Cada vez hay más evidencia que López Obrador pactó con líderes del narco, y toleró la estructura que hizo posible que diversos funcionarios morenistas se robaran 600 mil millones de pesos del huachicol fiscal. Y por lo que hace al gobierno de Sheinbaum, no hay duda de que las detenciones más importantes de narcotraficantes han sido por exigencia norteamericana y no por voluntad del gobierno. Porque si Sheinbaum en verdad tuviera la intención de enfrentar al narco, hace meses que Rocha Moya, Ramírez Bedolla y Américo Villarreal habrían dejado de ser gobernadores, y estarían enfrentando procesos penales.
Tercero. Combatir la corrupción que ha provocado el despilfarro de miles de millones de pesos del erario. Un tren maya que costó más de medio billón de pesos y que no tiene pasajeros; una refinería cuya construcción fue un ecocidio, que sigue sin funcionar y que recientemente cobró la vida de cinco personas; un tren interoceánico con materiales de mala calidad, que fue observado por la Auditoría Superior de la Federación, y que provocó la muerte de trece personas. Esos elefantes morenos de corrupción siguen drenando las finanzas públicas y arrastrando a la economía mexicana a un abismo negro.
En suma, qué bien que Sheinbaum vuelva a poner en el centro del crecimiento económico a la iniciativa privada, pero qué mal que su gobierno siga sin generar ni una sola condición para que la iniciativa privada sienta confianza para invertir en un país con un Estado de derecho y una democracia cada vez más debilitada. Para alcanzar la meta fijada del 45 por ciento de crédito Sheinbaum, Morena y el Congreso deben dejar de legislar en reversa incrementando el riesgo en el país y el riesgo para colocar créditos privados en México.