Inversión Extranjera Directa y deuda subnacional
Por Victor Toriz Gallardo
Subdirector de Finanzas Públicas y Deuda Soberana en HR Ratings
Por Victor Toriz Gallardo
Subdirector de Finanzas Públicas y Deuda Soberana en HR Ratings
Desde la “primera renegociación” del entonces Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) al actual Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), las cadenas de suministro norteamericanas se han fortalecido, lo que ha permitido a México fortalecer su posición como principal socio comercial de Estados Unidos en los últimos años. Esto se refleja en la recepción de la Inversión Extranjera Directa (IED), la cual ha mantenido una tendencia creciente en los últimos años, y en donde el propio Estados Unidos es la fuente principal de estas inversiones. Sin embargo, analizando el destino de estos recursos, estos se han concentrado históricamente en un número reducido de entidades dentro de nuestro país.
En el tercer trimestre de 2025, México recibió $40,905.6 millones de dólares (mdd) de IED, cifra récord que representa un crecimiento de 14.5% con respecto al mismo trimestre de 2024 ($35,737.5mdd). Con ello, se superó el total recibido durante 2024 ($36,872.4mdd) y sobresale que las nuevas inversiones pasaron de $2,060.4mdd a $6,563.4mdd en el mismo periodo. Lo anterior es una buena noticia por supuesto, sin embargo, si profundizamos en la localización de dicha inversión, observamos una fuerte disparidad entre regiones, lo que se refleja en el crecimiento registrado de las entidades federativas.
De la IED recibida hasta el 3T25, observamos una importante concentración en la Ciudad de México, la cual recibió 55.8% del total, lo que en parte se debe al registro del domicilio fiscal de las empresas. El segundo lugar en la recepción de IED corresponde a Nuevo León con 10.1% del total, el tercer lugar al Estado de México con 7.7% del total, el cuarto a Baja California (4.4% del total) y completa este top 5 Coahuila que recibió 2.9%. Los estados de la región Bajío continúan la lista con Guanajuato (2.7%), Querétaro (2.3%) y Jalisco (2.2%). Si observamos el comportamiento histórico, incluso antes de la entrada en vigor del T-MEC, encontramos pocos cambios en la lista.
A principios de febrero de este año, HR Ratings presentó su reporte sectorial de Evolución de la Deuda Subnacional al 3T25, donde se presentan los montos de deuda de las entidades federativas ordenados de mayor a menor. La Ciudad de México (HR AAA), Nuevo León (HR A+) y el Estado de México se mantuvieron como las entidades con los montos de deuda más elevados del país en términos absolutos. Coahuila, Jalisco y Baja California también cuentan con montos de deuda por encima del promedio nacional. Lo anterior demuestra la clara relación entre las entidades que han mantenido la inversión en infraestructura en los últimos años y los montos de IED que pueden llegar a captar. Esto significa que al impulsar su infraestructura los estados terminan desarrollando ventajas comparativas que terminan atrayendo aún más inversión.
En las últimas administraciones estatales y municipales, son pocas las entidades que han mantenido la inversión en infraestructura a través de la contratación de financiamiento debido a una política de limitar la adquisición de deuda y la disminución de proyectos de obra pública por parte del Gobierno Federal. Este año y los próximos, el presupuesto para estas inversiones desde los recursos federales será aún más limitado, por lo que los estados deben comenzar a considerar la realización de inversiones con recursos provenientes del financiamiento privado para complementar las acciones del Plan México.
Asimismo, es importante señalar que los estados que históricamente han recurrido al uso de financiamiento aún continúan en esta dinámica. Con esto en consideración, los estados que han pagado un costo de oportunidad elevado por la falta de inversión deberían de plantearse un cambio en torno a su política de deuda pública. La solución no es inmediata, pero estas inversiones rinden frutos progresivamente, ya que las entidades se vuelven más atractivas para la inversión, lo que en última instancia contribuye a mejores tasas de crecimiento económico y una menor desigualdad entre las regiones.