“Le Chat Noir”: ecos de una Francia perdida (II)
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Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónEl icónico cabaret “Le Chat Noir” se instaló inicialmente en el número 84 del Boulevard Rochechouart. De ahí se trasladó en 1885 al número 12 de la Rue de Laval, situándose su última sede en el número 68 del Boulevard de Clichy. Sobre su nombre no hay consenso, pero diversas fuentes destacan que así lo decidió bautizar su fundador, Rodolphe Salis, debido a que, durante su acondicionamiento, un gatito negro merodeaba por los alrededores.
La concepción que planteó Salis para su cabaret era inusual: pretendía fundar un café al estilo Luis XIII, iluminado con lámparas bizantinas, en el que el arte predominara, para lo cual encomendó su decoración al suizo Eugène Grasset (1845-1917), quien terminaría siendo pionero del “Art Nouveau” y gran influencia para la elaboración de muebles y “afiches”, además de creador del logotipo que identificaría a la editorial Larousse. Sin embargo, Grasset tuvo que modificar la concepción de Salis para adecuarse al reducido espacio físico con el que contaba el cabaret, el cual estaba integrado por sólo dos piezas estrechas, que albergaban a no más de una treintena de personas. Para resolver el reto, el diseñador recurrió a elementos de la arquitectura francesa medieval y renacentista, lo que dio por resultado que “Le Chat Noir” naciera con un marcado carácter más bien de estilo neogótico y sus lámparas, en consecuencia, de hierro tipo araña que daban una tenue iluminación.
En el exterior se colocó un letrero colgante con un gato negro erizado sobre una luna creciente obra de Adolphe Willette (1857-1926), artista de gran talento al que la vida no le había sido fácil. Abajo de él, en la puerta de entrada, cada noche aparecía a pesar de los recursos muy limitados del dueño, un guardia suizo vestido completamente con adornos de oro para recibir a los comensales, a los cuales Salis pretendía ofrecer absenta o hipocrás (vino caliente con miel y especias) en copas de oro, pero al principio sólo pudo brindarles vino peleón.
La suerte comenzará a cambiar a partir de dos innovaciones. La primera, haber incorporado un piano, el cual habría de quedar por casi una década a cargo del gran Eric Satie, quien se presentará como “Gimnopedista”. Época a la que habrán de pertenecer principalmente sus líricas bautizadas como “valses cantados”: “Tendrement” con letra de Vincent Hypsa; “Je te veux”, con letra de Henry Pacory y “La Diva del Imperio”, con letra de Dominique Bonnaud y Numa Blès, dedicado a la reina “del vals lento”: Paulette Darty. La segunda, al incursionar en un teatro de pequeña escala y crear una parodia fumista en la que se criticaba a los integrantes de la Academia Francesa, para lo cual se denominó “Institut” a la sala más obscura, ubicada al fondo, en la que se reunían principalmente escritores, poetas, periodistas y músicos.
Otro logro del momento es que comienzan a frecuentar al cabaret los miembros del exgrupo llamado de “Les Hydropathes” (Los Hidrópatas), encabezados por Émile Goudeau (1849-1906), a invitación del propio Salis. Nutrido grupo de apasionados por la literatura que se habían reunido entre 1878 y 1880 en el Barrio Latino, principalmente en el Café de la “Rive Gauche” (Rivera Izquierda), para declamar poesía y para quienes el nacimiento del nuevo cabaret les significó una oportunidad de revivir sus reuniones. Pero las sorpresas no terminaban. En 1882, Salis y Goudeau fundan una revista semanal de 4 páginas: “Le Chat Noir”, que tan sólo entre dicho año y 1895 publicó casi 700 números y 122 más en meses subsecuentes, contando entre sus colaboradores a personajes de la talla de Victor Hugo (1802-1885), Edmond de Goncourt (1822-1896), Paul Verlaine (1844-1896), Leon Bloy (1846-1917), Guy de Maupassant (1850-1893) y Jean Lorrain (1855-1906), entre otros; con aportes musicales de Jules Massenet (1842-1912) y Charles Gounod (1818-1893) e ilustraciones del propio Willette, así como de Caran d’Ache (1858-1909). El primero, siguiendo su tendencia satírica y este último de corte militar. Publicación en verdad sui géneris en la que caricaturas políticas, dibujos y poemas eran precedidos por imágenes de pequeños gatos negros.
Para junio de 1885, “Le Chat Noir” se traslada hacia el espacio más amplio que le aguardará en la rue Laval (ahora Victor Masse): edificio que fuera del pintor belga Alfred Stevens (1823-1906), integrado por tres plantas que lo mismo incluyeron un restaurante y una cervecería, que otras áreas para el desarrollo de reuniones literarias y artísticas, como en el caso de un taller de pintura y de un teatro. Será aquí donde en el exterior del cabaret se coloque uno de los carteles más famosos de la historia: el gato negro del también diseñador suizo Théophile Alexandre Steinlen (1859-1923), gran amante de los felinos al igual que Willette. Por lo que respecta a la decoración de sus interiores, ésta fue encomendada ahora a Caran d’Ache y a Henri Rivière (1864-1951), quien en el primer piso del edificio hubo de crear el espacio teatral antes referido, igualmente sorprendente como todo lo que nació ligado a “Le Chat Noir”. Sí, era el teatro de sombras chinas, las sombras chinescas. (Concluirá)