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Méxicoviernes, 28 de julio de 2023

Chiapas, otra vez en guerra

El Sol de México realizó un recorrido por Chiapas, luego de que organizaciones civiles y pobladores alertaran semanas atrás que la entidad se encuentra al borde de una guerra civil

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Rivelino Rueda / Enviado

También es de rutina orillar el auto y levantar evidencia. La revisión es solamente con la mirada. Otros conductores pasan sin problemas e incluso algunos saludan o intercambian breves diálogos con los supuestos oficiales.

El individuo del pasamontañas hace preguntas. Duda al ver la cámara fotográfica, pero accede a una conversación. Dice que sí, que "la zona está muy caliente, y más para allá adelante, para Comalapa".

Todo es normal hasta que se identifica un detalle. Luego varias piezas que no encajan. El hombre no porta ni una placa, ni una identificación oficial colgando del cuello, ni su nombre bordado en el chaleco antibalas.

En su lugar hay una gruesa cadena de metal y un colguije de la Santa Muerte. En el chaleco azul marino tampoco hay una insignia de la Policía Estatal. Lo que se observa es un escudo rectangular partido en dos: de un lado, la bandera nacional, del otro, el cráneo de un esqueleto.

La uña del dedo meñique de su mano izquierda tiene unos cinco centímetros de largo. A los costados de los pantalones, en bolsas tácticas, se dejan ver, desparramados, diversos cargadores y cartuchos.

Comienza la tensión. Por las fotografías que se les toman. Por el tiempo transcurrido. Por la charla improvisada. Por el sudor que comienza a descender a chorros de la frente, de las sienes, del cuello.

–¿Ya se van?– pregunta el fotorreportero.

Nosotros sí. No sé si ustedes se quieran quedar– revira uno de ellos, amenazante.

El hombre del pasamontañas estrecha la mano y se despide. Anota las placas del auto y las envía a un grupo de WhatsApp. Dos de sus compañeros graban video y también mandan el material de sus teléfonos móviles.

"Ya nos vamos. Ya hace hambre", dice el del pasamontañas negro. Reitera que la cosa "está caliente" y que esa carretera es "muy peligrosa".

Allá adelante hay otro retén de ministeriales. Cuidado con ellos porque no han comido. Han de tener mucha hambre”, comenta con una risa burlona que se atasca en la máscara de nylon que le cubre el rostro.

A 32 kilómetros de ese punto, en la entrada al municipio de Frontera Comalapa, aparece un retén del Ejército. Es el único que se encuentra en ese tramo que inicia desde el entronque de la autopista que va a Arriaga y luego a Tuxtla Gutiérrez.

¡Envíe una patrulla para allá!

El responsable del puesto militar observa las fotografías. Mueve la cabeza y lanza la orden a un subalterno: "¡Envíe una patrulla para allá!"

Cinco días más tarde, en San Cristóbal de las Casas, Dora Robledo, directora del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (Frayba), escucha la historia. No lo duda: “Son miembros de ‘El Maíz’. Ya tenemos varios reportes de que así operan en esa carretera”.

–¿”El Maíz”?

–Sí. Los que provocaron el caos en los enfrentamientos de finales de mayo entre el CJNG y el CDS, precisamente en esa carretera.

“El Maíz” –añade– “es un brazo armado de los del Cártel Jalisco. Son los que levantaron a pobladores de Comalapa y otros pueblos, los que los reclutaron forzosamente para hacer bloqueos con autos incendiados".

Provocaron el desplazamiento de al menos 3 mil personas en Frontera ComalapaDora Robledo

Esa vía serpenteante, que abruptamente pasa de la neblina al calor de cuarenta grados a la sombra, en la planicie de Motozintla, hoy es tierra de nadie.

Las motocicletas que están a un lado de la carretera que va de Tapachula a Frontera Comalapa, y de ahí hasta San Cristóbal de las Casas, pareciera que están abandonadas. Nadie está cerca de esos vehículos. Esa es la impresión.

Pero detrás de los árboles, a un costado de piedras enormes, entre la tupida maleza, están los conductores de esas motos.

Son –dicen los pobladores de las comunidades, los miembros de Protección Civil, los que tienen pequeños negocios en esa vía– los "halcones" de los grupos criminales que se disputan la plaza, de este estratégico corredor para el trasiego de drogas, armas, migrantes y huachicol.

Algunos vigías, pocos, se dejan ver arriba de las motos, con sus teléfonos móviles, realizando llamadas, enviando mensajes, observando, siempre observando movimientos extraños, los vehículos que circulan, los rostros de quienes viajan en ellos.

Por esta ruta, a la altura del Puente Mazapa de Madero, todavía están las huellas del enfrentamiento armado que tuvieron las dos organizaciones criminales que se disputan el estado de Chiapas: el Cártel de Sinaloa (CDS) y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Sobre el acotamiento de la carretera aún permanecen los esqueletos de dos taxis de Motozintla que fueron incendiados y utilizados por el grupo criminal “El Maíz” para realizar uno de los diversos bloqueos que se registraron en esta vía a finales de mayo.

“Se venden refrescos, dulces y gasolina", ofrecen innumerables negocios. Diez litros de magna por 250 pesos. Los garrafones de plástico del tráfico hormiga de huachicol ya se ofrecen sin ningún rubor, a la vista de autoridades y fuerzas de seguridad.

Aquí, parece, este y otros negocios ilícitos llegaron para quedarse.

Una base social: decidir entre cárteles

En algunas comunidades, no en todas, la delincuencia organizada tiene base socialAndrés Manuel López Obrador

“Benemérito de las Américas es un municipio limítrofe con Guatemala. En algunas comunidades, no en todas, la delincuencia organizada tiene base social. La gente les apoya, al grado de que hay pistas clandestinas donde bajan cocaína”, mencionó el presidente.

Pobladores de este corredor fronterizo no coinciden con López Obrador. La base social que ha construido el crimen organizado es amplia, muy amplia.

Por acá hay muchas necesidades. Eso ellos lo aprovechan

Unos dan ‘pitazos’, otros almacenan, otros compran y venden, otros transportan. Ya muchos andan armados. Nomás es cuestión de fijarse bien. Aquí los conocemos y conocemos a los de poblaciones cercanas. ¿Y cómo no va a ser así? Por acá hay muchas necesidades. Eso ellos lo aprovechan”.

Dora Robledo, directora del Frayba, expone que lo que ha observado y documentado en los últimos años ese organismo de derechos humanos es que esa base social del crimen organizado “se está construyendo con jóvenes hombres, principalmente”.

“Esta es otra de las cosas”, dice Darío con la vista al piso, “que trajo consigo el crimen organizado; haga de cuenta como una nueva conquista”.

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