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Méxicoviernes, 11 de marzo de 2022

Pie de Nota | Del Corregidora al 8M

Violencia es violencia. Los vasos comunicantes entre ambos eventos comienzan por destacar que el saldo fue casi el mismo en cuanto a datos duros.

Erick Ramírez / El Sol de México

Lo están en el sentido de que son expresiones de un México subterráneo, en el que se han ido infiltrando grupos en el tejido social con el único fin de generar violencia y para la cual no parece haber una respuesta gubernamental suficiente.

Sin embargo, violencia es violencia. Los vasos comunicantes entre ambos eventos comienzan por destacar que el saldo fue casi el mismo en cuanto a datos duros.

Las coincidencias continúan al referir que la gran mayoría de asistentes a ambos eventos iban con fines pacíficos y con legítimas intenciones (manifestarse y pasar un buen rato, respectivamente) pero cuya conducta queda manchada por pequeños grupos violentos.

El progresivo regreso a la normalidad por fuerza tenía que restablecer el orden de las cosas como las veníamos viviendo en 2019. Como hemos dicho, la pandemia fue tregua para muchas cosas, eso incluía la violencia focalizada en eventos masivos.

De esta manera las razones subyacentes para el porrismo en estadios, marchas y universidades siguen ahí, sin ser investigados a profundidad y mucho menos castigados hasta sus últimas consecuencias.

Muy insatisfecho me dejó el escuchar al Presidente hablar como padrecito de parroquia en lugar de jefe de Estado cuando se refirió a los eventos en La Corregidora en los términos en los que lo hizo:

"La enseñanza que nos deja esto, es no dejar de moralizar a México, de insistir en que sólo siendo buenos podemos ser felices, de que la felicidad no es la riqueza o no sólo es eso, sino estar bien con nosotros mismos y con el prójimo".

Más allá, el sermón no dijo nada sobre los vínculos con el crimen organizado de las barras y la ausencia de Estado de Derecho al interior de los estados.

Añadiría quien escribe que al menos habría que discutir un protocolo nacional de seguridad en los estadios así como la presencia de bebida y drogas en su interior.

¿Quiénes son los violentos en eventos masivos?, ¿cuáles son sus antecedentes?, ¿con quiénes se juntan?, ¿cómo se organizan?, ¿cómo se transportan?, ¿de qué viven y quién les financia?, ¿cómo se pueden evitar sus acciones?

Todas estas preguntas siempre acaban tratando de ser explicadas en trabajos periodísticos o en tesis de doctorado de la UNAM, pero nunca con repuestas sistémicas desde el lado oficial.

Mientras siga siendo esto cierto el fenómeno va a repetirse.

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