Kelsen vs Trump
Hace un siglo, la Alemania Nazi invadía y tomaba el control del último bastión que internamente se le resistía: Prusia.
Lo hacía con una interpretación bastante autoritaria de su constitución. Lo hacía con la ley en la mano, alegando cuestiones de seguridad, aunque todos conocían sus intenciones: quería acabar con la oposición y erosionar la disidencia.
El episodio envolvía a personajes siniestros (Hitler, Hindenburg, Von Papen) y a juristas extraordinarios (Kelsen, Schmitt y el gran Hermann Heller).
Algunos festejan la caída del dictador, aunque no está claro que eso significará que la democracia será el destino final para la Venezuela maltratada por el chavismo.
Otros sólo se lamentan que los Americanos intervengan y traten de colonizar el país con mayor cantidad de reservas de petróleo en el mundo.
Los adeptos al chavismo son incapaces de reconocer la dictadura en la que viven los venezolanos; los fanáticos del intervencionismo Yanqui son incapaces de reconocer los riesgos que conllevan las acciones de este sábado.
La primera potencia mundial ha dejado de ser una democracia porque trata de imponer y no de dialogar; porque no respeta sus reglas fundamentales; porque utiliza la fuerza en lugar del derecho.
El mayor jurista del siglo XX señalaba que, aunque la acción de la Alemania nazi contra Prusia tuviera por título un “restablecimiento del orden”, ello significa una entrega al Reich de los plenos poderes; un acto nada democrático y totalmente autoritario.
Kelsen diría, con todas sus palabras, que esto es una farsa. Es una simple imposición de la fuerza. Justo como hace un siglo lo hacía la Alemania Nazi.
Vale la pena señalarlo. Porque solo a partir del señalamiento de Kelsen (y otros muchos personajes) se pudo construir un mundo más democrático durante la segunda mitad del siglo XX. Por desgracia, de mundo nos alejamos un poco más el sábado pasado.
















