Albert Espigares retiró a Emiliano Gómez y Kevin Velasco con el juego vivo y León lo aprovechó: el Club Puebla cayó en el Cuauhtémoc y profundizó su crisis
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La Cuarta Transformación prometió ser el parteaguas que limpiaría la política mexicana de los excesos, la corrupción y la arrogancia en el poder. “No mentir, no robar y no traicionar al pueblo” fue el mantra repetido hasta el cansancio, y la austeridad republicana se convirtió en el nuevo emblema. Sin embargo, la realidad se empeña en contradecir el discurso oficial y quienes se presentaban como estandartes de la moral pública parecen haber olvidado que las promesas también envejecen… y lo hacen muy mal.
Un ejemplo reciente que retrata esta incongruencia es el caso del senador Gerardo Fernández Noroña, quien tras poner en duda los horrores ocurridos en el rancho de exterminio en Teuchitlán -cuestionando si los más de 400 pares de zapatos encontrados eran de personas desaparecidas, decidió tomar un vuelo de Air France en primera clase rumbo a Francia para un foro de legisladores (casualmente en la fecha de su cumpleaños), y aunque el legislador negó lo ocurrido, las fotos que circularon en redes sociales lo desmienten categóricamente. Hasta la presidenta Claudia Sheinbaum, en un intento de deslindarse, dejó claro que ella no viaja en avión privado, lanzando un mensaje claro hacia su compañero.
Pero si lo de Noroña fue un desliz, lo ocurrido en el Senado raya en el escándalo, pues cuando la oposición propuso crear una comisión especial para investigar el caso de Teuchitlán, el senador Adán Augusto López Hernández, ex secretario de Gobernación y figura clave de la Cuarta Transformación, no solo evitó votar la propuesta, sino que ordenó a los senadores morenistas que abandonaran la sesión para dejar sin quórum el pleno, enviando un mensaje claro: cuando la verdad incomoda, es mejor apagar las luces y salir.
Como si esto no bastara, se dio otro caso indignante con la senadora Andrea Chávez, quien fue expuesta por una investigación de Latinus, que reveló la utilización de vehículos destinados al transporte de medicamentos a personas vulnerables con espectaculares que mostraban su rostro y su nombre. Posteriormente, ante los cuestionamientos hechos en el programa de Azucena Uresti, la morenista término aceptando lo sucedido y diciendo que son empresarios los que financian estos vehículos, casualmente empresarios ligados al antes mencionado Adán Augusto López, lo que constituye en actos de peculado y un flagrante acto anticipado de campaña, demostrando que algunos prefieren posicionarse para 2027 –con la renovación de la gubernatura en Chihuahua– antes que respetar la ley.
Y la cereza del pastel. Se descubrió un mega laboratorio de metanfetaminas en Zacatecas, un complejo de cuatro hectáreas con 94 quemadores, 63 mil litros de sustancias químicas y cuatro motogeneradores de energía, capaz de producir hasta 700 millones de dosis de estupefacientes, ¿Y el gobierno estatal no sabía nada? Curioso que esta vez, a diferencia de Teuchitlán, no haya culpas para el gobierno local, quizá porque Zacatecas está bajo el control de la familia Monreal. Pero más allá del tema estatal, es necesario analizar estos casos como consecuencia de la política federal de “Abrazos no balazos”, pues qué casualidad que justo cuando se fue López Obrador, se decomisó más de 1 tonelada de fentanilo —¿no que no había?—, salió a la luz el caso Teuchitlán y ahora un mega laboratorio de drogas, que por si fuera poco, han dejado a una presidenta incapaz de decir la verdad sin comprometer al sexenio anterior. ¿Qué otros horrores nos están esperando para salir?
Estos episodios no son aislados, son más bien el reflejo de una descomposición que replica los vicios que la 4T juró erradicar. ¿No fueron acaso estos mismos casos y conductas las que desataron la furia ciudadana contra el PRI y el PAN?, ¿no eran estos los actos que López Obrador denunciaba con vehemencia desde la oposición? La 4t construyó su capital político denunciando los excesos, los escándalos, pero ahora las y los herederos de este movimiento parecen haber olvidado esas lecciones, embriagados por las mismas mieles del poder que tanto criticaron.
La gran ironía es que mientras Morena acumula escándalo tras escándalo, la oposición permanece inerte, incapaz de capitalizar estos episodios y construir una narrativa que devuelva la esperanza a un electorado desencantado con ellos, dejando un PRI y PAN como espectros desdibujados de lo que alguna vez fueron, y a Movimiento Ciudadano atrapado en su estrategia de ni con unos ni con otros, diluyendo su capacidad de ser una alternativa real. Morena podría desmoronarse por su propio peso, pero sin una oposición capaz de articular un discurso convincente, el vacío de poder solo será ocupado por más de lo mismo.
En este escenario es válido preguntarse: ¿Cuánto puede sostenerse un gobierno que traiciona sus propios ideales? La 4T está en una encrucijada: o corrige el rumbo o terminará convertida en aquello que tanto criticó. Y cuando ese día llegue, ¿quién estará del otro lado para ofrecer una verdadera alternativa? Por ahora, la respuesta es un incómodo y doloroso silencio.