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El acercamiento del PAN con la extrema derecha demuestra que la oposición carece de liderazgos para encabezar un movimiento de cara a las elecciones presidenciales de 2030 (y ni hablar de las legislativas de 2027), que tenga tres características esenciales: que unifique a los opositores que no están de acuerdo con las políticas y las acciones de gobierno de Morena, que tenga una carrera política que lo respalde y que los partidos estén dispuestos a apoyar sus aspiraciones, independientemente de sus discrepancias.
En otras palabras, mientras que el obradorismo se ocupó de formar a dos o tres personas que podían suceder al líder y mostrarse como los continuadores de sus políticas, la oposición ha sido incapaz de encontrar figuras que destaquen para liderar al movimiento opositor al régimen. Ha probado con varias opciones: con jóvenes políticos como Ricardo Anaya y Álvarez Máynez o con figuras con mayor experiencia como Xóchitl Gálvez, pero ninguna ha ilusionado al electorado.
¿Por qué no lograron movilizar a sus simpatizantes y hacer que un movimiento de oposición los respaldara? Unos dirán que los partidos que los propusieron eran su peor carta de presentación, otros dirán que sus imágenes no eran las adecuadas para liderar a la oposición, pero todo indica que su discurso es el talón de Aquiles de quienes buscan ser líderes de la oposición.
No saben si defender el pasado o condenarlo ¿cómo condenarlo si el partido que los impulsaba era el PRI o estaba unido al PRI o había pactado con el PRI -el Pacto por México o la concertacesión (gubernaturas a cambio de favores legislativos-? ¿Cómo defender ese pasado si las encuestas muestran que las personas tienen una mala percepción de los partidos políticos y sus políticas durante los años que gobernaron el PRI y el PAN?
No sabían si seguir calificando a López Obrador de un peligro para México o dejar de lado ese discurso que lo fortaleció porque polarizó al país a partir de la elección de 2006 y que en 2018 les dio la espalda y respaldó el movimiento del tabasqueño.
Ahora, no saben si condenar las políticas sociales del gobierno o reconocer que por el momento son necesarias dado el estado de la economía mexicana. No saben si lanzar sus dardos contra la presidenta o esperar a que las fracturas del partido en el gobierno hagan lo mismo que las discrepancias internas hicieron con el PRI en los Ochenta y Noventa del siglo pasado.
Los opositores no saben si acercarse al gobierno o alejarse. No saben si presentar alguna propuesta legislativa y hacer ruido para que se discuta (aunque no prospere) o sentarse en la silla de los desahuciados porque sus curules en las Cámaras los etiqueta del lado de los irrelevantes.
Lo cierto es que, a veinte meses de las elecciones de 2027, la oposición no tiene ni líderes ni discurso. La situación es preocupante, sobre todo para Acción Nacional, que debería encabezar un movimiento con jóvenes y mujeres que se muestren capaces de desafiar al régimen a partir de la crítica a sus yerros y claras inconsistencias. No se trata de impulsar a los bravucones (Lily Téllez es ese ejemplo claro), que están más cerca de un colapso nervioso que del convencimiento del electorado. Se trata de convencer a partir de los argumentos, del discurso y que ello se combine con la imagen joven y fresca, más allá del partido que lo postule.
Por ello el “relanzamiento” del PAN fue muy criticado: pareció indicar la claudicación del partido y la espera de la llegada de personajes como Lily Téllez o Salinas Pliego, quienes a partir de la bravuconería pretenden encabezar a la oposición. Si esa es la apuesta del PAN, bien le valdría verse en el espejo del PRI, con un líder tan bravucón como corrupto, que es incapaz de unir siquiera a los priistas. Esperar que un personaje por el estilo una a la oposición es malentender la realidad mexicana. El país exige un personaje que mueva al cambio desde el convencimiento, no un personaje que atemorice a quienes están en desacuerdo con las políticas del actual gobierno. Si la oposición a un régimen autoritario de un lado del espectro es un régimen autoritario del otro lado del espectro, nada bueno espera a los habitantes de este país.