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Análisismartes, 17 de febrero de 2026

La marcha contra la violencia

Cada que un inocente es asesinado la sociedad se consterna y de inmediato sale a marchar por paz, la escena se ha repetido a lo largo del último año con víctimas inocentes. ¿Pero la autoridad sigue inconmovible, sin hacer nada?

La marcha convocada del templo de La Lomita hacia Catedral por el asesinado de Mizael, dd 15 años, no es un acto político, aunque inevitablemente tenga implicaciones públicas.

Es, ante todo, un grito que nace del duelo y se transforma en exigencia: justicia. “¡Con los niños no!”, se lee en la convocatoria que circula en redes. Una consigna que duele porque revela lo obvio: ni siquiera la infancia está a salvo.

Porque lo que está en juego no es solo el esclarecimiento de un caso. Es la credibilidad del Estado. Es la posibilidad de que los padres vuelvan a confiar en que sus hijos pueden salir a la tienda y regresar a casa. Es el derecho elemental a vivir sin miedo.

La marcha del domingo será silenciosa, vestida de blanco, cargada de dolor. Pero su mensaje será ensordecedor: la sociedad no quiere más nombres sumados a la estadística. No quiere más adolescentes convertidos en expedientes. No quiere más resignación.

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