Seguridad al garete en Sinaloa
Retórica rancia, la misma con la que acribilló a los ciudadanos el gobernador Rubén Rocha Moya, cuya imagen en las redes sociales quedó por los suelos, por la mala gestión de la crisis de seguridad y su pésima forma de comunicar.
Ciudadanos dejados a su suerte, la reacción del Estado en medio de la crisis básicamente se enfocó en tres cosas: suspender las clases, cancelar la fiesta del Grito y admitir a golpe de exigencia social, que los eventos pueden extenderse a otras regiones de la entidad.
Y ya sabemos lo que ocurre en este tipo de pugnas criminales: las desapariciones aumentan, los delitos patrimoniales que afectan a miles de familias, y sobre todo, nadie habla de los daños emocionales que marcan a quienes vivimos bajo el fuego de los cárteles.
La barbarie disfrazada de guerra
Sin vivirla, la inseguridad que ha padecido esta semana el centro del estado ha provocado un daño colateral en el sur de la entidad, y la saturación de información sin verificar se enquista como un cáncer que genera sicosis en la población.
Es la barbarie disfrazada de guerra. Los reportes han brincado como una plaga que carcome a una sociedad sorprendida, pero a la vez ya acostumbrada, a la violencia que históricamente ha vivido Sinaloa.
En este contexto, el flujo informativo falso que circula en redes sociales ya rebasó a las autoridades, que poco a nada pueden hacer para contener la mentira.
Sí, la violencia explotó esta semana entre las dos facciones del Cártel de Sinaloa en su territorio, para cada vez parece trasladarse a otros territorios, más hacia el sur del estado, cuya vocación económica es, ante todo, principalmente turística.
Por más que el Gobernador Rubén Rocha Moya asegure panoramas de tranquilidad porque esa violencia está focalizada, la verdad es que comienza a extenderse a otras regiones del estado.

















