Seguridad de fin de año
La semana pasada varios eventos sacudieron a la facción de Los Chapitos, lo que hizo ver cómo se están inclinando las cosas en la guerra que se mantiene activa en la entidad, y que cada día suman más y más homicidios.
Uno de estos asesinatos selectivos fue el de Óscar Noé Medina Gastélum, El Panu, quien por varios años fue una de las manos derechas de la organización criminal de los hijos de Joaquín Guzmán Loera.
La caída de El Panu no fue cualquiera. Se trató de un operador de alto nivel cuyo papel fue determinante tras el rompimiento interno del cártel, intensificado luego de la captura y entrega de Ismael Zambada García a Estados Unidos.
Para las autoridades estadounidenses, Óscar Noé era una pieza central en la logística del tráfico de fentanilo, droga que ha provocado una grave crisis de salud pública en ese país.
Se trató de un golpe a la primera línea familiar del lado político, aunque se trata de personajes de bajo perfil, pues sus nombres poco se habían mencionado de manera pública en los medios.
Quién sabe si tiene que ver con estos golpes a la estructura que la violencia cesó un poco en los días de Nochebuena y Navidad, aunque desde luego, no se puede cantar victoria, y menos cuando todavía faltan los líderes de ambas organizaciones en disputa.
Escuinapa sin control
En la guerra narca que ha vivido Escuinapa en las últimas dos semanas no pierden Chapos o Mayos, pierden los habitantes que deben adaptarse a las dinámicas que trata de imponer la delincuencia organizada.
Los pobladores de la Perla Camaronera han vivido en el pasado hechos brutales, pero nada comparado al nivel de la actualidad, al estilo de “guerra de guerrillas”, esperando por horas a que el gobierno regrese la tranquilidad a sus barrios.
El origen, desde luego, es el abandono del Estado mexicano que no generó en décadas condiciones que acabaran con ese maldito rezago histórico que debió finalizar otro movimiento violento: la Revolución Mexicana.
Comercios cerrados, escuelas sin clases, la vida social en pausa por temor a las balas y explosiones a la vuelta de la esquina, describen la tragedia que enfrentan los escuinapenses en estas fechas.
Este pueblo, que de toda fecha sabe hacer una fiesta, en sus calles no dejó rastros de posadas o cumpleaños.
El testimonio de una persona que vivió el terror en las calles es revelador, al decir lo que sintió con los estallidos de cerca y el paso de blindados, como si fuera una guerra.
El despliegue de fuerzas militares en la zona no garantiza que regrese la tranquilidad al municipio en el corto plazo, mientras su vida habitual se desmorona entre las veredas por donde incursionan los grupos armados.













