Añoranzas / Adiós a la Fiesta Brava
Me acostumbré al argot: los lances, los cambios de suerte y los ordenamientos que el reglamento estipula. Del toro: la casta, el trapío, la planta, el color de su pelaje, las señas distintivas de su cara y de sus pitones.
Del torero: su valentía, su estética, el dominio del animal, el temple, su apasionada entrega y su “duende”, que si tiene suerte en la lidia y sobre todo a la hora de matar, sale triunfante en hombros por la puerta grande...
He entrado en pánico al ver bravísimos toros correr detrás de los osados navarros en los encierros en Pamplona, adrenalina pura que empapa el ambiente adorado por Hemingway.
Conservo vivo en mi memoria el momento sublime en que, parada frente a un hermoso capote de paseo, con emoción atrapé una montera cuando me brindaron el ¡ÚLTIMO TORO DE LA TARDE!
















