Análisismartes, 13 de enero de 2026
Economía para todos / Incentivos
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Cuando englobamos a la economía en su sentido más individual —desde la microeconomía—, podemos describirla con una sola palabra: incentivos. De forma generalizada y en palabras de Gary Stanley Becker —Premio Nobel de Economía en 1992— en su libro “The Economics of Life” (1997), la economía analiza cómo los mercados, las políticas públicas y otros eventos afectan el comportamiento de los individuos y las organizaciones que intentan mejorar su situación compitiendo entre sí por los ingresos, los puestos de trabajo, los consumidores e incluso el prestigio y el poder.
No obstante, desde el ámbito individual, el comportamiento depende en su mayor parte desde los incentivos. Es decir, las familias consumen menos o más productos cuando los precios de estos varían, o las empresas producen más cuando esperan recibir un precio más alto por sus productos. Así, el hecho de que el comportamiento individual sea consistente y correspondido a través de los incentivos es, en la mayoría de las situaciones, hasta de sentido común.
Desde esta óptica, los impuestos no se perciben solo como un mecanismo de recaudación, además, son instrumentos de incentivos. Así, el anuncio más reciente sobre el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) a bebidas azucaradas y cigarros, es un claro ejemplo de cómo el gobierno busca mitigar ciertas conductas —dañinas, claro está— a través de señales en los precios. En otras palabras, al encarecer los productos, se pretende desincentivar su consumo y, a la par, acrecentar los ingresos públicos.
Los datos recientes esclarecen que el IEPS a bebidas azucaradas y tabaco venían arrastrando un comportamiento negativo en cuanto a recaudación. En el periodo de enero a noviembre de 2025, el gravamen a las bebidas y tabaco generó poco más de 84 mil millones de pesos en recaudación, significando disminuciones reales acumuladas y niveles mínimos históricos. Así, desde la perspectiva económica, sugiere que los consumidores ya ajustaron parcialmente su comportamiento ante los impuestos ya existentes, ya sea reduciendo la cantidad consumida o sustituyéndolo hacia diferentes alternativas.
Con ello, la Secretaría de Hacienda apuesta por un incentivo más agresivo, estimando un incremento de más de 70% en la recaudación del IEPS a bebidas azucaradas y de 18% a tabacos mandando un claro mensaje a los consumidores: tomar refrescos —entre otras bebidas azucaradas— y fumar será más caro.
Desde la mirada microeconómica, esta política subyace en el supuesto de que la demanda de estos productos —bebidas azucaradas y tabaco— es sensible al precio. Es decir, un incremento en el precio reduce el consumo, aunque no lo elimina por completo. Con ello, entran en juego los efectos ingreso y sustitución: algunas personas sustituirán su consumo hacia bebidas sin azúcar o reducirán su consumo en general; otros consumidores, con mayor ingreso disponible, absorberán el incremento del precio, aunque sacrificarán gasto en otros productos.
Sin embargo, estos incentivos —explícitamente en forma de impuesto— generarán efectos colaterales: inflación directa e indirecta. Así como los precios de estos productos se incrementarán para mitigar su consumo, también, generará efectos indirectos a trasladar el costo de estos productos hacia los restaurantes, loncherías, fondas, donde estos insumos forman parte del consumo habitual. Es decir, el incentivo original diseñado para mitigar el consumo de ciertos productos debido a su daño nocivo a la salud puede, a la par, encarecer la canasta de consumo de los hogares de menores ingresos.
Siendo así, el debate sobre el IEPS va más allá de si está bien o no imponerle más impuestos a los refrescos, jugos y cigarrillos. El verdadero análisis subyace en cómo una política pública puede cambiar los precios y modificar conductas de la población en su beneficio —o en otros casos, en su perjuicio—. Así, como Becker pudiera expresarlo, la economía la podemos comprender de mejor manera cuando empecemos a aceptar que las personas no cambian por exhortaciones morales, sino cuando cambian los incentivos. Cuídese mucho.