Después de santificar el nombre del Señor y aceptar su voluntad así en la tierra como en el cielo, Jesús nos enseñó a pedir “El pan nuestro de cada día” el pan bendito que sacia el hambre del hombre. En la celebración de la Eucaristía, el cuerpo del señor se convierte en pan, y Dios envió El Maná, “pan del cielo” al pueblo de Israel durante su travesía desde Egipto a la tierra prometida.
El pan en sus diferentes formas y sabores, está presente en nuestro México y en su cultura. En la celebración que nos define ante el mundo, por su diversidad y belleza, fiesta y solemnidad en el camino al más allá, el pan también es parte del rito. El delicioso y original pan de muertos, adornados con frutas secas, espolvoreado de azúcar y cruzado por unas tibias, es un manjar obligado en toda mesa mexicana. La rosca de Reyes con sus muñequitos escondidos como un juego de azar que convoca a la familia a su alrededor con ingenua algarabía.
Al igual que cuando entramos a una florería nos extasiamos con el aroma de las flores, cuando entramos a una panadería nos envuelve su “Santo olor”, escribió López Valverde. Se nos hace agua la boca al recorrer con charola en la mano su estantería.
Yo considero que el oficio del panadero es muy gratificante y satisface al que lo hace. Seguramente tienen alma de niños porque haciendo el pan es como estar jugando y recordando los días de la infancia cuando hacían figuras de plastilina. Desde muy temprana hora y siempre de pie, el panadero disfruta y se enorgullece de sus pequeñas y deliciosas obras que dan felicidad al cuerpo y al corazón. ¿A quién le dan pan que llore? Las penas, con pan son menos, dice el refrán, porque al comerlo hasta las lágrimas se evaporan. Todos tenemos nuestro pan preferido, el mío es el sencillo y delicioso bolillo recién salido de horno, calientito, solito sin nada adentro y a mordidas. Qué delicia.
La variedad es infinita. Conchas, canillas, enamorados, cochinitos de chichimbré, orejas semitas, polvorones, cuernos, bollos, rieles, margaritas, donas, gendarmes, hojaldres, teleras, bolillos, besos, medias noches y muchísimos más. Las panaderías La Royal, La Yolanda, el Recreo, El Mejor Pan, La Colorada, La Flor de México, El Molino, La Espiga y muchas otras que se escapan de mi memoria. Algunas de ellas ya han desaparecido y otras continúan con su clientela fiel y recurrente para llevar a su hogar ¡El Pan Bendito de Cada Día!