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Análisisdomingo, 28 de diciembre de 2025

El cumpleaños del perro / El puerto de Tampico

Tampico es ciudad y es puerto, es decir, detritus y asma de Neptuno. Tampico es una virgen que grita por sangre, por noches ardientes y brazos hercúleos que la saquen de su modorrra de siglos. 

Y aquí no hay sirenas, ni mirmidones combatientes del honor. Hay sol, humedad de recuerdos durmiendo entre el regazo de princesas desvalidas.

De lejos Tampico duele porque el néctar dulce de la nostalgia se transforma en ácido, en adiós de sombras.

Cuando estás en Tampico eres importante porque tus pasos son tuyos, tienen las huellas de tus amores. Allá está el puente sobre el río Pánuco. Cinturón de acero, curva de iras, arco iris sempiterno de acero.

Y allá está la Laguna del Carpintero donde la ciudad cae a gotas y la gente prolonga su memoria de agua.

Esta es mi colonia, la Campbell, en la calle Monterrey, donde crecí, jugué los juegos a la edad precisa y donde a veces, con las nebulosas piernas del recuerdo con piel de Anteo -camino hacia la casa que me dio abrigo.

La diferencia que tenemos con la muerte es que la esperamos y la burlamos con los recuerdos. Recordar es el ejercicio humano de morirnos sin irnos, sin derrumbarnos.

Esto es un puerto: torta de la barda, Mauricio Garcés, Marcos, Barradas, Pepito Terrestre, El Chairel, Juancho ¿Qué hay en el puerto? Nombres, signos, significados de salitre y agua.

Siempre te recuerdo, Tampico. Soy de aquí, no me he ido del todo.

Al mirar el cielo de Tampico sabes que hay dolores, esperanzas e indignación. Pero es tan grande el amor por este puerto que te sientes tierno, capaz de abrazar a quien se te cruce en tu camino.

Esto es un puerto y para ser de Tampico no basta lo azul, hay que ser marinero porque al cerrar los ojos tal vez sí haya sirenas y mirmidones combatientes del honor…

Tampico es jauría de calor en un verano artero en El Chairel. Es la ciudad niña que aún te cuenta fábulas de marineros que se emborrachan con sirenas de mares remotos.

Tampico es la sonrisa líquida -perpetua, prístina– del río Pánico. Es la madrugada estrellada en la frente marchita de abuelos paseando por el Centro Histórico. Es brisa de agua, música de huapango y olor de carne asada.

Tampico es una palabra que te alucina y te llama a dar lo mejor de ti. Es el puerto que alguna vez tuvo beisbol y trajo al gran Héctor Espino a jugar en el coloso de la Isleta Pérez.

Tampico es la Ítaca que te deja ir pero sin soltarte. Es la luz al final del túnel de tus recuerdos. 

Tampico es Francisco Maytorena relevando desde el primer juego contra los Cafeteros de Córdova en el triunfo de los Alijadores en el campeonato de 1975.

Tampico es la delantera letal de Rolando y Pérsico con la Jaiba Brava en los sesenta. 

Tampico es un horizonte de barcos, una charla de amigos y una torta de la barda.

Tampico es un hip hop (neta) de Gente Loca; es un bolero cantado por Enrique Esqueda.

Tampico es la vena sangrante de historia, la de a de veras, no la de grupúsculos oportunistas que mercan con la Historia del puerto.

Tampico es El Cascajal de Pepito El terrestre y Genaro Salinas. Es memoria, piel de nutria, alma de son huasteco. 

Tampico es la casa de todos. Es la avenida Hidalgo y su “aquí se está mejor que enfrente”.

Tampico es la poesía de Gloria Gómez Guzmán y la pasión de los murales de Jorge Yapur. Es un diálogo entre Sanuel M. Lozano y José Sierra Flores.

Tampico es la ciudad que amo y extraño. Es la patria de sol, letra y canto. Es la caricia para el cansado, es el reposo del guerrero. Tampico es una madre universal que abre su regazo al viajero.

Tampico es historia y perpetuación de un pasado que vive en sus mercados, en el rostro de sus viejos y en la colonia nuevas que se extienden hasta los límites de Altamira y Madero.

Tampico es Madero y Altamira, como Altamira es Tampico, y Madero Tampico; es decir, la geografía es una madre que no trazo su amor en un mapa sino en el vaivén del convivio social de su gente.

Tampico, eres mi dolor, mi sino, mi añoranza.

Eres la ciudad que siempre recuerdo, a la que no puedo olvidar.

Eres mi casa, mi origen, mi fábula, mi espanto, mi princesa.

Eres mi comunión, mi ruina, mi éxtasis, mi ansia.

Eres la calle Monterrey, en la colonia Campbell; eres la primaria Felipe de la Garza, la secundaria Francisco Nicodemo. 

Tampico, eres y serás mi amada ciudad…

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