Tramoya | Nada nos pertenece
Durante mi vida universitaria tuve la suerte de relacionarme con personas que me enseñaron muchísimas cosas sobre la vida.
Aprendí, sobre todo, que no existe nadie que pueda ser salvado si no está de acuerdo con encumbrar su espíritu. Esto me quedó muy grabado en la mente cuando una tarde, en los pasillos de la facultad, me topé con una condiscípula que sollozaba amargamente.
















