Tramoya | Vivir con propósito
Personajes como Jesucristo, Buda o Gandhi, que han trascendido el tiempo, convirtiéndose en fuente inagotable de saber, supieron que debían vivir su existencia con algo más llamado “propósito de vida”, haciendo del servicio a los demás su misión personal.
Cierto día un hombre le pedía a Dios que le enviara una señal de cuál sería su propósito de vida. Un mañana paseando por un bosque vio a un cervatillo herido, que tenía una pata rota. De repente, vio aparecer un puma.
Estaba a punto de ver cómo el puma se comía al cervatillo cuando ocurrió algo inesperado: en lugar de comérselo, el puma empezó a lamerle las heridas.
Después se fue y volvió con unas ramas humedecidas y se las acercó al cervatillo para que éste pudiera beber el agua, y después se fue y trajo un poco de hierba húmeda y se la acercó para que el cervatillo pudiera comer.
Al día siguiente, el hombre volvió al lugar, vio que el cervatillo aún estaba allí y que el puma otra vez llegaba para alimentarlo, lamerle las heridas y darle de beber.
Pasaron los días, pero nadie le daba nada. Hasta que un día pasó un señor muy sabio y el pobre hombre le dijo:
- Dios me engañó, me mandó una señal equivocada para hacerme creer que las cosas eran de una manera y eran de otra. Y le contó lo que había visto en el bosque. El sabio lo escuchó y luego dijo:
Vivir con un propósito que sea tu misión en la vida, así la felicidad tocará tu puerta, porque muchas de las cosas que hagas las amarás. Asume un compromiso con tu sueño personal, existen tantas distracciones que nos apartan de la meta.
Vivir con un propósito que sea tu misión en la vida, así la felicidad tocará tu puerta, porque muchas de las cosas que hagas las amarás. Asume un compromiso con tu sueño personal, existen tantas distracciones que nos apartan de la meta
















